Sueñan las crisálidas,
durante el duermevela invernal
los brillos y capa de lunares
de su despertar en primavera,
cuando la albahaca es primor clorofila
y fragancia virginal el azahar
del naranjo y el limonero.
Yo sueño el reverdecer
de los caminos y veredas,
la pasión extrema de los lirios,
el incienso y el humo de los cirios,
la vida retoñada al fin,
como sorpresa incomprensible y esperada.
El calendario avanza torpemente
y el capataz ajusta y calibra,
-hombro con hombro-
tallas y talles donde posar la carga.
El jazmín anuncia el acontecimiento,
y el cíngulo y el esparto
el ajuste preciso y adecuado.
El martillo, con su tono de acento,
golpeará el instante preciso.
Larga es la espera,
charcos y más cúmulos y cirros,
desde estos arracimados días de invierno.

A veces pienso que el calendario no avanza, que se ha quedado estancado, embarrado por la lluvia. También me acuerdo de Noé.
ResponderEliminarSaludos.