Ponlas en formación:
artículo, sujeto, verbo y predicado.
Omite lo que rechaces,
o lo que no te apetezca,
o no te simpatice en este momento,
pero no omitas nunca el verbo:
sin acción somos mera planicie,
más bien silencio,
elisión que se esfuma
por la chimenea del olvido.
Súbete en la elipse y desaparece,
pero no dejes de vocalizar
constantemente,
ya te llegará el silencio impuesto
y para siempre.
Insufla las palabras
con una ebullición de sinónimos,
dales parquedad,
-si ese es tu deseo-
en el muro apocopado de su antídoto;
pero no dejes nunca
de dar vida a las palabras.
Ordénalas en formación de combate
y no firmes un armisticio a ciegas,
no guardes silencio.
¡No calles nunca, poeta!
¡Haz que el mundo se trague
todas tus palabras!






