Es más pobre quien carece de
valores que quien no cuenta con bienes.
El generoso y el mísero viven en el
mismo segmento: el primero da de lo que necesita; mientras el segundo no da de
lo que le sobra.
No niego la necesidad del dinero,
pero tampoco niego su poder esclavizador.
Quien gana más de lo que necesita y
no gasta, deja fortuna; pero quien hereda, ya trae en sus genes la lección
aprendida y despilfarra.
Con frecuencia, una mansión no es
un hogar, sino una jaula de oro con barrotes, vigías y sistema de seguridad.
Cuando el gobierno habla de recortes
en la Economía, no sé si me está aludiendo a mí o por el contrario me olvida.
Quien no se conforma con poco, con
mucho tiene insuficiente; la sonrisa agradecida y la alabanza hay que buscarla
en quien se conforma con el pan nuestro de cada día.
Invitar a los pobres a economizar
es como pretender que el reo haga el nudo en la soga.
Con frecuencia, las grandes
fortunas tienen un pasado oscuro e inconfesable. El dinero se lleva mal con la
moral, pero familiarmente con la arrogancia y la hipocresía.
Hacienda somos todos; pero unos más que otros.
Los pobres carecen de casi todo,
pero viven; los avaros tienen de todo, pero malviven.









