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12 junio 2016

NO ME CUESTA IMAGINAR

Fotografía de Isidoro Jara


No me cuesta imaginar
que vives colmada de agasajos,
─algo sé─
ebria de ambrosías de amor,
jaleada reina de tu colmena.

La soledad que extrañas,
esa desconocida que ni se habla contigo,
no se emborriza de besos y caricias
en lo oscuro de tu hogar apagado
ni tampoco de arrumacos;
de exigencias inflexibles
ni de rigor horario.
Estás donde debes estar,
en rosácea y familiar compañía.

La soledad es esa salobre anarquía
que manejamos con la voluntad
de los caprichos,
ese insomnio desnudo
que arrastra por el engaño
de ser libre;
libre para sólo ser solo,
un sentimiento que se agarra al paladar
y se hace rancio
mientras araña los sentidos.

No. No me cuesta imaginar…

11 junio 2016

COMO POR ENCARGO

Fotografía de Isidoro Jara


Como por encargo,
escribo para que tú me oigas,
para que agites tu corazón y la melena al viento
en tanto me pronuncia
la que lleva por nombre
Jardín Sublime,
─tu mano derecha a la que adoro─
para que reconozcas en su rosácea voz
mi voz distante
que sobrevuela el Paraná hasta la Costanera;
para que tomes mi pulso agitado
y te hagas con él
un almohadón mullido
donde reclinar tu cabeza
calzada con corona de apapachos.

Para ti es mi música,
esta que hago por encargo
de la impotencia para volar a Corrientes
y llevar un presencia a tu presencia.

Sí, lo hago por encargo,
escribo para que tú me oigas.
¿Me entendés?

10 junio 2016

LA DAMA DEL MAR



En el repelús de la madrugada,
─en lo inmaterial del sueño─
se muestra nítida, como destilada
de la niebla, como esfumada
por las profundidades marinas.

Una soflama de luz la envuelve:
es la Dama del Mar; una ninfa
que se adentró por la desembocadura
y se solapó en las aguas salobres.
Va desnuda y refulgente,
vestida de sol y escamas de plata.
El Todopoderoso, en un arpegio,
abrió para ella las entrañas marinas
y sembró de granates y esmeraldas
una senda, un camino que lleva sin pérdida
a la existencia inmortalidad.

¡Oh, grandiosa! ¡Oh, Nereida!
¡Oh, deidad de las profundidades!
¡Oh, virginal divinura,
grande a los ojos de los más grandes!
El Magnánimo ha abierto el seno acuoso
y te ha hecho reina de los arrecifes,
donde corales y perlas son el adorno de tu casa.

09 junio 2016

CUENTO QUE NO ES CUESTO



Se acerca el fin de curso
agitando pañuelos de adioses
que serán primicias al apuntar el otoño.
Los hay compungidos y también alegres,
mas todos enamoradizos y nostálgicos
como agitada y convulsa es la juventud;
en el corazón sacudido de la maestra
una pausa temida y necesitada:
sabe que el próximo curso
serán otras las inocentes o pícaras miradas,
otras mentes que alimentar de verbos,
predicados y accidentes gramaticales
que les hagan confluir en concordancia.

Los alumnos tienen siempre
la misma edad, pero ella crece y crece
como crecen sin control las enredaderas
abrazando el tronco de los árboles
hasta desparramarse por la copa
y soslayar los frutos con su presencia
progresivamente más y más ajada.

El verano es un tiempo marchito
alejada de la algarabía de los jóvenes,
a pesar de alojarse en la encarnadura
de la inquieta niña que sueña
con lazos, muñecas y príncipes.

Un traspiés le lleva a urgencias
en la competición acústica y desenfrenada
de una ambulancia con destellos lumínicos.
Al recuperar la conciencia, una voz familiar,
atrapada en una bata verde doctorada,
le acaricia la mano y le llama Doña Carmen:
sus niños y niñas ocupan la cúspide
de la pirámide en la que ella fue poniendo
sillares y peldaños que pudieran escalar.

Todo crece en el entorno de Doña Carmen,
mientras ella mengua y sigue hablando
de subjuntivo, adverbios y pronombres,
el pavimento por el que se desplaza
la ciencia, las comunicaciones y la sociedad.

08 junio 2016

VEN, QUE TE VOY A ENSEÑAR A LA NOVIA



Ven, que te voy a enseñar a la Novia, a la Esposa del Cordero.
(Ap 21, 9)


Ella es una niña vestida de Primera Comunión,
una novia enjoyada con oro de Ofir,
la princesa de las cumbres nevadas
y las torrenteras de los deshielos
donde mora la alegría infantil y el gozo,
el jolgorio de los juegos y las canciones
para el resto de los días. Ella habita allá
donde lo infinito es un mantel blanco
al que no se alcanza a vislumbrar las vainicas,
esa tela desmayada que ha de caer
por los bordes del banquete de bodas
con la generosidad de las fechas excepcionales.

Él la ha elegido y la desposa
porque es idílica como una ensoñación,
como un ramillete de madreselvas
que enloquece y emborracha los sentidos
de quienes la observan y la contemplan;
un deleitoso amor cuya fantasía son bucles
dorados al sol en caídas helicoidales,
una constelación de estrellas
que no compiten sino armonizan con el Sol.

¡Ven, que te voy a enseñar a la Novia!

07 junio 2016

TE HE MIRADO AL CORAZÓN



Te he mirado al corazón
y he visto la cara de desconcierto
de la niña que mora en ti:
pómulos de melocotón,
el cabello recogido bajo un pañuelo azul
y un cesto de peras abrazado
que invita al banquete desde tu inocencia;
en todo se adivina una pose
de traviesa que no llega a mostrarse.

Mis ojos se entretuvieron en los tuyos
y he podido ver cómo el azabache
se licua cuando correteas
por un sembrado de lavanda
y la atmósfera se impregna
de los destellos de tu piel de seda.

En el lagrimal izquierdo queda un rictus
opaco de dolor
que no acaba de desaguar y
─de inmediato─
te sobrepones de un brinco
haciendo un croise devant
sostenido sobre un si bemol
que lo convierte en magia.

Te he mirado al corazón
y todavía sos esa muñeca
que tiembla de emoción
rompiendo el envoltorio,
la sorpresa de un nuevo regalo.

06 junio 2016

ANOCHE UN NUEVO DÍA



Cae la noche en mis párpados
cerrados a toda esperanza
como si sístole y diástole
fueran matraces de cristal,
donde la ciencia se hace
precisión transparente
y no experiencia deductiva.

Tú, al otro lado del mar
─o de la vida─
bajo un sol entristecido
con su mochila de invierno;
yo, agitando el pañuelo
de los adioses y repitiendo jaculatorias
que quieren ser
obcecadas bienvenidas ininteligibles
con las que flanquear tu paso.

Se apaga la luz entre los mirtos
con mortecinos bostezos,
como si la tarde tuviera vocación
de convertirse de nuevo
en un mañana gestante.
Canta la tórtola sus guturales
y el cuclillo le rebate agudos disonantes.
En el jarrón tartamudea
de sueño agónico el nardo
y la madreselva asoma a la ventana
una sonrisa átona de esperanza:
entre las otoñales ramas leñosas,
por entre los espinos,
perfuma el instante una ajada rosa
que recupera la voz de tiple
y enarbola un mensaje de esperanza.