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| Fotografía de Isidoro Jara |
No me cuesta imaginar
que vives colmada de
agasajos,
─algo
sé─
ebria de ambrosías de amor,
jaleada reina de tu colmena.
La soledad que extrañas,
esa desconocida que ni se
habla contigo,
no se emborriza de besos y
caricias
en lo oscuro de tu hogar
apagado
ni tampoco de arrumacos;
de exigencias inflexibles
ni de rigor horario.
Estás donde debes estar,
en rosácea y familiar
compañía.
La soledad es esa salobre
anarquía
que manejamos con la
voluntad
de los caprichos,
ese insomnio desnudo
que arrastra por el engaño
de ser libre;
libre para sólo ser solo,
un sentimiento que se agarra
al paladar
y se hace rancio
mientras araña los sentidos.
No. No me cuesta imaginar…






