Hace años subí al monte
Carmelo
y allí estaba escrito tu
nombre, María del Carmen.
No. No uno coincidente o
perteneciente
a otra persona. Tu nombre,
María del Carmen.
Él conoció tu nombre antes
de que existieras,
así como tu vida estaba
esbozada
antes de que nacieras. Ya
estabas pensada.
No eres fortuita, sino
afortunada;
no eres azar, eres obra de
amor
y así es amor tu proceder,
tu destino
y las esporas que has ido
esparciendo
a lo largo y ancho del
camino de la vida:
fertilizar ha sido siempre
tu proceder.
Hace años subí al monte
Carmelo
y hoy madrugo para acompañar
a tu Virgencita a la playa
de Marbella
entre marineros y devotos.
Allí vienes
conmigo, María del Carmen,
para celebrar tu nombre y tu
persona.






