Si yo pudiera hacer guardia
en tu mesita de noche,
como sin dudas lo hará
el gallo de tu reloj
despertador
o la sintonía de tu emisora
preferida;
si pudiera pasar
desapercibido y alerta
en este presente tuyo que te
aturde
y cambiar los apósitos de
tus sufrimientos
por un ramillete de decires
afrutados;
si yo pudiera poner bálsamo
diario
de menta, mejorana y arropía
en este estado siniestro en
el que te encuentras…
No sé cómo paladeas estas cápsulas
mías
con sus surtidos de mensajes
placebos
que tienen vocación
curativa.
No sé si estás expectante a
mi aparición diaria,
al celo que pongo cuando
pretendo celar
este estado tuyo enajenante,
pero sí sé
que quiero curtirme en el taller
de los vocablos
para que nunca sea
inapropiado ni vacuos
este ruido de espada silabeando
que conforma
mi aguerrida lucha frente a
la atalaya donde
acaso atardece en tu corazón
sin demasiada esperanza.






