Tienes una sonrisa sonrosada
como algodón dulce de feria:
vaporoso, etéreo, henchido
de ufanía
y núbil inocencia.
Tu natural melancolía
es una alternancia que se
sucede
de pautas abruptas,
pero que siempre encuentra
el atajo
por el que iluminar las
sombras
y dulcificarlas
con ribetes de caramelo
en los momentos más
insospechados.
He querido apresar tu voz
meter en un pentagrama tu
sonrisa,
darle grafía a tu timbre
y textura a tu tacto;
pero es tarea tan ardua como
consolar
a un niño por su juguete
roto
sin reponérselo.
Tienes una sonrisa sonrosada
y yo una gran avidez por
recuperarla.






