03 octubre 2019

AQUELLOS LEJANOS AÑOS





Recuerdo la playa de mi pubertad
como la cancha inexistente,
─entre sardinales varados─
donde competir descalzos
y llegar el primero sin demasiado esfuerzo.
A veces, sólo miraba al mar en paralelo
o de soslayo
cuando trataba de lanzar piedras
para que revotaran al menos tres veces,
dejando en cada brinco
sus epicentros ondulados
que se transmitían sin fin
hasta hacerse imperceptibles.
También siguen indelebles
aquellas gaviotas trastornadas y chillonas
que nos robaban la merienda
al menor descuido.
Marbella era entonces un caserío
blanco de cal
y algo desconchado en ocasiones,
cuyo campanario era visible desde cualquier punto
y especialmente desde la mar.
La negruzca arena
se pegaba a la piel con el sudor de los juegos
y no había forma de negar
la escaramuza
como un regreso dilatado
y sin horario
cuyas huellas hablaban y olían a mar.
Todavía hoy, si entorno los párpados,
se reviven las tardes
de aquellos lejanos años,
ávidos de juegos,
cuando el sol declinaba en su fase rosada
anunciando el temido toque de queda
de regresar a casa.

6 comentarios:

  1. Ya forman parte de ti esos bellos recuerdos. Van contigo para siempre. Son tuyos y de nadie más.
    Un abrazo, Paco.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Así es, Cayetano. Seguro que mis amigos y compañeros, habiendo vivido lo mismo, tienen otros recuerdos propios.
      Un abrazo.

      Eliminar
  2. Tú hacías escapadas furtivas al mar y yo lo hacía al río y que gratos recuerdos tengo de esos baños furtivos y con el agua bien fría y nunca me pillaron mis padres.Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Alguna travesura hemos vivido, Charo, pero no somos malas personas.
      Un fuerte abrazo.

      Eliminar
  3. Los recuerdos de cuando éramos pequeños siempre van con nosotros, aquellos años nos hicieron lo que hoy somos.
    SAludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y esos recuerdos son imperecederos para siempre.
      Un abrazo, Manuela.

      Eliminar