Fotografía de Ana Escalera
Efímero, como la interpretación
de una melodía en la calle,
disputando con el ruido ambiente
y con la sonoridad del digestivo
reclamando sus necesidades.
Ha venido desde algún lugar
a lomos de la precariedad,
deambula por la intemperie
y así lo lleva sellado en la piel
con tonalidades de bronceado.
En su musicalidad es mayor el empeño
que el virtuosismo, pero se afana
y logra pasar por otro callejero
al que muy pocos prestan oído,
y aún menos quienes dejan su dádiva.
Se afana en los compases de un pasodoble
con el deseo de poner al público de pie,
pero le falta el desgarro y la torería
con la que hacer que se echen mano al bolsillo
y se den por enterado de su presencia.
Tras el desplante del respetable,
vuelve al refugio de sus aires patrios,
y quienes pueblan los veladores
siguen empeñados en escanciar,
sin ton ni son, con música o sin ella.

















