Una espada,
acero esplendente y luminoso,
una enseña documental,
un tajo que sigue al nombre
y que le sirve,
que le da porte, estética y aplomo,
un cierto brillo que no ciega,
pero es acero templado
y contundencia sonora.
Una espada,
que tiembla ante el fuego y el hielo,
que se atrinchera de las estridencias
y se acomoda en la concordia
de la muchedumbre que dialoga.
Una espada,
ni de museo, ni de desván;
ni selecta, ni maestra,
una más de la armería,
mas con inquietud constante
por medir y cubicar
lo denso y lo flácido,
lo vigente y lo bisoño,
lo despreciado y lo amoroso;
mas acero que se ablanda
en las manos que la enfundan
y que no riñen jamás.

Casualidades que dan que pensar..acabo de terminar de ver una película cristiana llamada La forja...y vi como se templaba una espada..a los extremos que hay que vencer para tener el temple de acero...un feliz sábado
ResponderEliminarY esas son tus armas, mi arma.
ResponderEliminarUn abrazo.