Una espada,
acero esplendente y luminoso,
una enseña documental,
un tajo que sigue al nombre
y que le sirve,
que le da porte, estética y aplomo,
un cierto brillo que no ciega,
pero es acero templado
y contundencia sonora.
Una espada,
que tiembla ante el fuego y el hielo,
que se atrinchera de las estridencias
y se acomoda en la concordia
de la muchedumbre que dialoga.
Una espada,
ni de museo, ni de desván;
ni selecta, ni maestra,
una más de la armería,
mas con inquietud constante
por medir y cubicar
lo denso y lo flácido,
lo vigente y lo bisoño,
lo despreciado y lo amoroso;
mas acero que se ablanda
en las manos que la enfundan
y que no riñen jamás.

Casualidades que dan que pensar..acabo de terminar de ver una película cristiana llamada La forja...y vi como se templaba una espada..a los extremos que hay que vencer para tener el temple de acero...un feliz sábado
ResponderEliminarSin grandes pretensiones, he querido rendir un homenaje a mi apellido, pero sin otra trascendencia. Me alegro que para ti haya resultado una coincidencia que se refuerza una en la otra, Diva.
EliminarUn abrazo.
Y esas son tus armas, mi arma.
ResponderEliminarUn abrazo.
En mi lucha por la vida, Cayetano, me habría resultado igualmente eficaz llamarme Fernández que González.
EliminarUn abrazo.
Por acá tenemos una obra, Cyrano de Bergerac, hay luchas de espadas simuladas, que no sean verdaderas por favor, un abrazo Francisco!
ResponderEliminarCiertamente, María Cristina, son muchas las obras clásicas que recuerdan este uso, correspondiente a un tiempo que ya pasó. Personalmente me inclino por resolver las disputas con el diálogo.
EliminarUn abrazo.
Muy difícil que la mano que la empuñe , no luches jamás.
ResponderEliminarPues es verdad que debe ser bien difícil recibir una ofensa verbal y no desenvainar, si se lleva una espada al cinto. Por eso estoy claramente en contra de las armas. En los países donde está permitido llevar un arma, más de uno se toma la justicia por su mano.
EliminarUn abrazo.
Buen homenaje, le has dado alma a esa espada fiel en las manos de su dueño y dispuesta siempre a la lucha...Guarda la historia en sus genes y siempre espera paciente, sabe que el hombre no ha cambiado en tantos siglos de guerra...
ResponderEliminarMi abrazo admirado, amigo poeta.
Como ya he dicho anteriormente, bien guardadas están las armas, porque portarlas es una provocación a hacer uso de ellas.
EliminarUn abrazo, amiga querida.