Aunque el jardinero
olvide el cuidado de la arboleda,
la naturaleza no paga en sintonía
y devuelve pastos y flores.
Otros se gastan la pasta
en descuidarse y descuidar
los deberes ciudadanos,
y, carente de tales desvelos,
tiran los restos con la impudicia
de caiga donde caiga.
En el alcorque de un árbol,
reciento que debiera ser
vientre materno,
ejemplo de mimo y frondosidad,
la dejadez,
y los modos in cívicos:
dos sumandos que destruyen.

Ya es dejadez. Mira que beber Cruzcampo...
ResponderEliminarUn abrazo.
Ja, ja, ja, ja... Vamos de mal en peor, Cayetano. La culpa es del usar y tirar. Si pagaran el retorno como antaño, no sería la cosa tan grave como lo es.
ResponderEliminarUn abrazo.
La mala educación ya está extendida, lamentablemente, un abrazo Francisco!
ResponderEliminarDeberíamos pensar un poco más en el otro, María Cristina, y tratar de molestar lo menos posible.
EliminarUn abrazo.