24 enero 2020

AGRIDULCE




La soledad, agridulce
como acero de doble filo:
sutil e idílica cuando la buscas
y ácida y amarga cuando
te da de bruces con ella
y se te queda la cara de niebla
y la mirada opaca y cenicienta.

Hay horas que discurren como instantes
cuando lees u oyes música;
también momentos como árido desierto
cuando no llega el saludo que conforta
o el abrazo que reconstruye y da vigor.

Agridulce: sabroso y repelente;
así es la soledad, según la mirada
que aplicas en cada circunstancia:
cuando buscas, o cuando sobreviene,
un arcoíris de tonalidades fragmentadas.

21 enero 2020

LA PLAYA ERA UNA DESOLACIÓN




La playa era una desolación.
Tras la tormenta,
─ahora con nombre propio─
ha tomado una entidad más virulenta
y se hace acompañar por cañadas y ramblas
con todo lo que encuentra a su paso.
En la arena, como barrera,
una trinchera vegetal que hace inaccesible
todo intento de alcanzar el agua:
ramas, algunos árboles enteros
y una infantería de cañas y barro
que tiñe las primeras brazas de agua
de un anómalo color rojizo.
Desde el otero de la duna
no es posible localizar los cimientos
de lo que fuera un chiringuito;
tan solo una escombrera
da testimonio de sus restos,
así como de la pasarela de madera
de la que no queda vestigio alguno.
La mar escupe los plásticos una y otra vez,
los vomita por indigestos
y a modo de tarjeta roja
nos los devuelve
para que lleguemos a cambiar de conducta.

20 enero 2020

POEMA INCOMPLETO




A veces,
aun estando a la escucha,
sólo se oye un profundo silencio
o el batir de las hojas
sobre las ramas que las sustentan,
el vuelo de un pájaro
o la más profunda nada.

En mi propósito,
la búsqueda del éxtasis,
pero ese culmen no llega
cuando uno se lo propone
sino en el instante
donde se para el tiempo.

He acabado rompiendo el reloj
en varias ocasiones,
pero nunca logré detener el tiempo;
la vida siempre te propone
una ruta alternativa a la de tu íntimo deseo…

19 enero 2020

TODAVÍA ES DE NOCHE




Todavía es de noche. Domingo
de esta segunda mitad de enero
que gira entre días fríos y luminosos
y otros lluviosos y desangelados.

La ciudad duerme. De repente,
como una pesadilla,
te haces protagonista de mis desvelos;
me acerco a la cama y todavía duermes,
hasta te ilumina una sonrisa
que no sé interpretar y me tranquiliza.

He sometido mi vida a tu vida,
como prendida en las corcheas y fusas
con que Manuel de Falla
hilvanó el Amor Brujo,
ese embrujo que a ti me subordina.

18 enero 2020

LA LUNA TIENE CERCO




La luna tiene cerco,
puede que llueva antes del amanecer;
el menguante le ha dado un mordisco
y ahora es un queso incompleto,
una porción con forma de C
abierta hacia el río
por donde se desangra.

Mañana querré volver a ser niño
y chapotear en los charcos
hasta empaparme;
total, mamá hace años que se fue
y no estará para regañarme.

La luna tiene cerco
y yo siento una inmensa añoranza;
mamá no está para impedir
que me cale bajo las canales,
pero todo lo cambiaría por su regreso.

17 enero 2020

LA TARDE AVEJENTA




La tarde se avejenta en oblicuo,
se somete al poniente
como el gato al rescoldo de la chimenea.

Han alargado los días el diafragma de luz
y la noche llega cada vez
con algo más de retraso.

Se apetece el paseo:
el frío invita a no quedarse inactivo
y acompaño al río
en su discurrir plácido al encuentro salobre.

Son pocos los que pasean; muchos corren
y algunos otros caminan atléticos
provistos de cronómetros
como si les fuera en ello la vida;
bicicletas y patinetes serpentean
poniendo en riesgo a los viandantes.

A lado y lado se va rezagando la ciudad
dejando tras de sí
historias no pronunciadas nunca
y ecos por descubrir
que acaban en promesas.

Muchos van aislados en su mundo sonoro
de auriculares; yo prefiero la banda sonora
del murmullo del agua,
la brisa agitando las junqueras,
la madre que advierte el riesgo que el niño no ve
o el timbrazo del ciclista
que exige para si lo que es compartido.

Echados en la hierba,
una parejita dialoga en silencio con besos
y los remeros hacen compás
de sus esfuerzos sudorosos.

La tarde avejenta, entre dorada y plomo;
el sol ha rendido sus fuerzas
y la luna comienza su espectacular pasarela.

16 enero 2020

ELLA ES, ELLA EXISTE




A María del Pilar Ferrari Díaz

Ella es, ella existe
y doy testimonio de su esencia
como de su presencia envolvente.

Tal cual. Agraciada, espontánea,
fácil de palabra y con los pies en la tierra;
moderada en gestos y opiniones,
delicada caminando como un ánsar
que evoluciona por las aguas.

Su tarjeta de presentación
es una sonrisa tan amplia
como mansa y portentosa es la marisma;
su timbre el adecuado a su personalidad
y el acento marcado y salobre
como las aguas del Guadalquivir
cuando suben de la mar
a saludar a la Puebla.

Ella es, ella existe;
no es virtual, como lo ha sido durante años,
y nos ha dejado este regusto
que alarga nuestro encuentro
hasta que se produzca ese otro
en el que nos hemos emplazado.