26 marzo 2020

BAJO EL MANTO OSCURO




Bajo el manto oscuro de la noche,
─luna nueva, apenas perceptible─
el jadeo de la espera
es ritmo sonoro en la zozobra;
los medios hablan de cifras
despersonalizadas,
de sepelios sin duelo
y de graves carencias.

Es hora de resistencia numantina,
de espera agazapada y confiada,
de pulcro aseo y confinamiento.

Hay una melodía nunca punteada
entre los trastes de mi guitarra,
la banda sonora de esta expectativa
en la que el camino se ha cegado
aguardando un nuevo amanecer.

25 marzo 2020

TODO SUCEDE AL OTRO LADO




Todo sucede al otro lado de los cristales,
dentro sólo discurre la insulsa monotonía
en zapatillas y entre bostezos.

Por la calle circula el silencio
a marcha lenta y sin estruendos;
en los cristales queda la impronta
de una cámara lenta
que no detecta movimiento alguno.

Por la tele es rayo fulgurante la amenaza
y el pánico se hace ostensible
ganado espacio entre crédulos e incrédulos.

Hace unas semanas era algo
de otras latitudes, de allá ellos;
hoy todas las miradas convergen
en responsabilizar a otros
y en exigencias que soslayan el agradecimiento.

Se dice que será lección magistral
esta oscura e inquietante travesía;
de momento, crece el número de víctimas
y todos llevamos papeletas de esta rifa.

24 marzo 2020

ESTA GUERRA LA VAMOS A GANAR




La ciudad ha enmudecido,
pareciera que bosteza,
que dormita a plena luz;
la brisa es audible en el naranjo
y la primavera se acentúa
en los brotes verdes
y en los estornudos que siembran alarma.

Esta pasada noche ha lloviznado,
pero a la hora del ocaso,
antes de los aplausos comunitarios a los héroes,
los pájaros han diseñado bellas partituras
en el desolado atardecer.

“Esta guerra la vamos a ganar”,
pero hemos mandado al frente
a un batallón de sanitarios
que también están probando
en sus carnes las heridas
que tratan de curar en línea de combate.

En el arresto domiciliario
cunde el pesimismo y el tedio;
los acaparadores han llenado sus alacenas
y han minado de desabastecimiento
a rezagados y prudentes.

“Esta guerra la vamos a ganar”,
pero habremos alistado a los débiles
a las interminables filas de la misericordia.

22 marzo 2020

AMBICIONES




Todos ambicionamos
lo que no tenemos:
el pobre pan,
el que tiene pan algo para untar;
el soldado salir ileso,
el general entorchados de gloria;
el intérprete aplausos,
el autor ser aclamado por la multitud;
el contagiado una cama hospitalaria,
el sano evitar el contagio…

Ambiciones,
todos insatisfechos.

20 marzo 2020

ME PREGUNTO




Me pregunto si la primavera
vivirá este mismo arresto,
este confinamiento generalizado
que nos ha sobrevenido
o por el contrario seguirá de largo
por yemas y brotes entre las ramas
vistiendo de pálidos y amarillentos verdes
un camino en paralelo
que se nos ha escamoteado.

Me pregunto si cuando saco
mis manos por la reja y aplaudo,
─a coro con el vecindario─
llega el eco a sus destinatarios
y esos ecos son profilácticos
como el equipamiento del que carecen
y denuncia el personal sanitario.

Me pregunto si cuando como
todos comen, si cuando duermo
todos duermen, si cuando me abrigo
nadie pasa frío, si cuando me calzo
nadie va descalzo, si la noche estrellada
es techo amable y seguro
para los desafortunados “sin techo”.

Me pregunto si acaso todos son
igualmente afortunados
o cuándo debo abrir la espita
de mi bodega para que otros beban.

12 marzo 2020

LIBERTAD




Libertad de…   Libertad para…

Me siento libre, hasta que la vecindad
se hace interferencia
y comparte conmigo las zonas comunes
o nos excluimos en reclusión.

Libre, como el aire que va y viene
sin conocer su origen ni destino
y pasa acariciando la frente
de todos los viandantes,
sin tomar en cuenta la opinión ajena.

Libre, como el agua del río
para desplazarse corriente abajo,
pero incapacitada de remontar el curso;
libre para entregarse a otras aguas
o para perderse entre la sal marina.

Libre, como el agua del mar
para cabalgar las olas
y para retroceder arrepentida
cuando se estrella en la playa.

Libertad de…   Libertad para…

11 marzo 2020

PRONOMBRE




Visible. Se acercaba,
pero ya era visible a lo lejos;
caminaba como ola
con su peineta de nácar,
su estruendo silente
y muy peculiar balanceo.

Visible, cada vez más visible,
hasta la ceguera.
Al cruzarnos sentí el embate
de su pulso contra el mi aceleración,
desbocado como montura
de dos hierbas.

Ya de espaldas,
seguía siendo visible
indeleble, infinita, inalcanzable.
Al día siguiente
se dibujaba en mi vista
con la misma nitidez.

Pasaron los días
y se había hecho en mí pronombre:
ella. Ella, como cliché imperecedero
e inmaculado, en el retrovisor herido
de mi memoria.