09 diciembre 2016

LA GARRUCHA



Suspiraba de forma lastimera
a cada impulso sobre la cuerda,
como si se dejara jirones del alma de madera
en el roce metálico del eje
que le atraviesa de costado a costado;
pero tenía vocación de eternidad
y fue útil
hasta que la municipalidad
instaló saneamientos públicos
y el esfuerzo quedó limitado
al giro ocasional del grifo
y a la dictadura periódica de la facturación.

Sobre el arabesco metálico
que se eleva por encima del brocal
y del presente,
el testimonio de otras vidas más humildes.

En la garrucha, las muescas
y los desportillados del tiempo,
como aldaba
de un pasado que ahora parece lejanísimo,
pero que forma parte
del cliché imperecedero de mi infancia.

08 diciembre 2016

A UN BANCO DEL PARQUE



Hubiera dado algo importante
por tu cercanía mil pasos antes,
pero tú, pétreo obstinado,
─también húmedo─
te acomodas a tu sorda e insensible
terquedad con las visitas.

Has oído todos los cansancios,
todos los bostezos, las intimidades
y arrumacos de amores primerizos, o avejentados,
las largas sentadas, las largas esperas,
los acomodos y los de asientos inquietos.

Ni te ofreces, ni te niegas;
tan solo eres presencia dura
y duradera
que resiste todas las huellas,
salvo el moho y el musgo que te viste de anciano.

He soplado las hojas, he sacudido
los excrementos de las palomas
y me acoges
con tu escasa ternura,
mientras robas calor de mi cuerpo,
piedra taciturna.

06 diciembre 2016

UN GLOBO A LA ETERNIDAD


Velad, pues no sabéis ni el día ni la hora.
Mt 25, 13

Como una cometa que se eleva
filtrándose
por entre los pies amorfos de las nubes,
como estallido de rabia
que explosiona cuando se acerca a la órbita
y descarrila en mis brazos
por los caminos siderales,
desvaneciéndose
como luz que se apaga mortecina
y hace todavía más amarga la tiniebla,
como sorpresivo fin de fiesta
o piruleta que cae al suelo y la pisan
ante el desespero del niño
que llora con desgarro;
así, con esa virulencia
recibo de tu hija la noticia:

El Barberillo de Lavapiés
ahora es un globo a la eternidad.

Tan solo hace unos días de la renovada promesa
para ese encuentro por siempre aplazado
que reanudaremos
en el estadio de lo inmaterial.

Ya eres aire liberado por los espacios celestes
y yo llanto de ausencia,
como niño a quien rompen su juguete
y no encuentra consuelo.

Hace dos meses que canté tus bodas de oro
y desde entonces guardo silencio;
un misterio
una voz quebrada como augurio
de este azote con el que esta noche
he sido flagelado.

06 octubre 2016

UN NUEVO AMANECER



A Pepa y Paco con mis dos manos amigas.

Cincuenta años, mi amor,
hace cincuenta años
que teníamos veinte,
que éramos ríos desbordados
conducidos por acequias de fuego
que se buscaban para incinerarse en el otro;
ahora, tras la sequía,
─lava apagada─
vivimos este barbecho
donde la pasión sestea,
al tiempo que florece
un sosegado retoñar de ternura:
un nuevo amanecer
donde los ríos no contabilizan el caudal
sino la persistente constancia
en el mapa de nuestra piel
y en la singladura de nuestro corazones.
Cincuenta años, mi amor,
hace cincuenta años
que teníamos veinte,
y aquí andamos:
aquilatando los días
en espera de una buena propina.

26 septiembre 2016

INDIFERENCIA



Inapreciable, como la hoja
que sortea la escoba del barredero
en tres pasadas consecutivas
y se queda prendida en la llaga del pavimento:
ni suma ni resta: indiferencia

Exiguo, como nota marginal
que se pierde entre los restos de la papelera
o vive en el borde esquivo de un cajero,
limosneando descanso:
ni multiplica ni divide: indiferencia.

Invisible, como el zurcido de desamor
por debajo del forro de la chaqueta
de la estatua humana que, en su quietud,
pasa por mobiliario urbano:
no es olvido social, es indiferencia.

21 septiembre 2016

EL HUECO DE TU MANO



“De tu mano
Sólo persiste el hueco.”
EMMA FONDEVILA


Para diez años ya
y llevo modelado el hueco de tu mano
por entre estos nudillos
que ya comienzan a ser sarmentosos.
Más que tu voz,
con su regusto a limón y a canela,
con su intención última
de protegerme del sol, de la brisa, de la lluvia…
Más que tus dulces y sensatos consejos;
más delicada que tu mirada de miel,
esa que no ha dejado de pastorearme
cada uno de los días de mi vida;
más cálido que tu propio regazo, madre,
mi mano apresada entre las tuyas,
es el hueco que persiste
y que en ausencia atesoro.

13 septiembre 2016

VIS A VIS



A Esther MaCo

Cuando el amor es un fugaz encuentro,
─controlado en tiempo y forma─
soñar es una muerte dulce
que aspira a resucitar
para ajustarse de nuevo al calendario
de las promesas.

Bracear sin aire,
respirar aire viciado,
urgir turgencias
y sincronizarlas a la cita
y sus registros y rigores,
a la promesa de un nuevo consuelo,
cuando la autoridad
así lo considere.

He aprendido a descender
viendo cómo otros se abren paso
por el torno de las miradas escrutadoras,
por los entresijos
de una fuente escondida,
umbrosa arboleda tupida,
donde desfogan los ríos
y se hacen tenues las laderas.