15 noviembre 2018

LANTANA




A lo lejos, enhiesta como una oración
que se eleva a las alturas,
que orienta y concita en torno a sí
como un repique mudo
que es plegaria silente del corazón,
emplaza y guía hasta su base.

A los pies, un paseo circular
entorno a una planicie recoleta
plantada con césped y jalonada
por una docena de limoneros;
por entre rosales y parterres
un entramado de callejas
que circulan en torno a los pabellones.

En la atmósfera, algo sacro que perdura,
lo desangelado del avanzado otoño
y una vocación que se empestilla
en lo docente, así como la calle de entrada
evoca a una vieja calzada romana.

A la entrada, una escueta recepción
y un pequeño bar como actualización
de su ya lejano pasado místico.

14 noviembre 2018

FLORES PARA DEMÉTER






Que el orfebre imite a la Naturaleza
y talle la flor más delicada y sutil que haya visto jamás
para adornar tu mesa, oh, Deméter;
que trabaje con mimo el oro y la plata;
que con delicados escrúpulos
manipule el ámbar y el cristal,
como un dios menor que imita y enriquece lo creado
para rendirte culto y pleitesía.

Verdaderas joya para una diosa, oh Deméter,
si bien carentes de aromas;
ordena que bañen sus tallos con delicados perfumes
como ninguna flor natural tuvo similar fragancia;
pero que la mano del jardinero no blasfeme
para engalanar tus estancias
con tal de ganar tu gracia dando tajos y segando vidas.

13 noviembre 2018

CÁNTICOS NATURALES




La piedra permanece sorda
hasta que tropiezas con un guijarro
y brinca con sonido ronco por cada roca
con la que va trompicando,
salvo al caer en la arena,
donde se abraza y consuela entre suspiros silentes.

Hay una música que todos identifican
en la copa del abedul,
cuando acariciado por la brisa
es arpa que se estremece;
como también esa musicalidad
la madera de su tronco
cuando es cajón que abre o cierra
o instrumento que presta su figura al viento.

En el rocío nocturno,
cuando rompe el alba,
los gemidos condensados de la noche
en primorosas esferas transparentes,
son como cuentas de un rosario de gozos y penalidades,
misterios y salmodias, cánticos naturales.

12 noviembre 2018

LA VIEJA ACEÑA




En el recodo del río,
─al pie de la chopera─
nace la acequia que va a dar al molino
y que se hace acompañar
por un cuerpo de lanceros dóciles,
verdes y flexibles,
que le rinden honores.

Río abajo, el desnivel se hace notorio
y el agua sobre las aspas
salta con el mismo vigor inusitado
con el que hace girar a la muela.

Por la canaleta de madera,
─toscamente trabajada─
se va dosificando el grano que cae de la tolva
y la aceña se agita toda ella
convirtiendo el grano en harina.

Aguas abajo,
el caudal que cayó desde la acequia
se incorpora de nuevo al río
y este sigue su curso,
buscando mansamente el encuentro
salado en el que desaparecer.

09 noviembre 2018

¡QUIÉN SABE!




En la primavera de mi vida,
una chimenea
era el epicentro de la casa;
allí aprendí a respetar la lumbre,
contemplar las llamas y el rescoldo,
mover las cenizas sin levantar una nube,
a moderar el consumo de leña
y a gozar del hogar.

Observando al abuelo,
supe que cuando llegara mi invierno
una chimenea sería el abrazo abrigado
de la tenue espera. Pero la vida
nos hace muchos regates
y hoy vivo en un piso sin tiro,
sin posibilidad alguna de construirlo,
ni medios económicos
para una mudanza impensable.

¡Quién sabe!
La vida es tan caprichosa
que los planes no pasan de la categoría de ensueños.

08 noviembre 2018

DE FLOR EN FLOR




Con la paz armónica de un campo de girasoles
en su esplendor,
frente a la soledad
de la hortensia en el muro trasero
de una casa de campo;
fui testigo de la negatividad y la sed
de un cactus armado como un hoplita heleno
frente a la frondosidad exuberante
de un geranio que se desborda de esplendor
en la soleada balconada
y con el vigor energético de un lirio
que ilumina de tornasoles su sonrisa.
Así es ella para el sequedal de mi pecho:
la pasión y sensualidad de un jazmín inmaculado
con quien ahormar
mi inestable equilibrio.

07 noviembre 2018

BOLAS, FARORILLOS Y POLIEDROS




Me alejo de la ciudad
para mirar al firmamento
animado por el recuerdo infantil
de aquella feria de cada noche,
donde los astros son ascuas de luz,
esferas luminosas
que en sus destellos me parecen poliedros,
ángulos, vértices de luz,
destellos deslumbrantes que se escapan por la tangente
o mechas mortecinas de tono anaranjado
que se incineran en sí mismas.
Espejo negro, bóveda azabache
con millones de farolillos de feria
que hablan de la feria celeste.
En los carros de las dos osas,
la memoria explicativa de mi padre
y la geometría colegial tratando de interpretar
las formas caprichosas en movimiento.
Amanece, anochece, y de nuevo el mismo espectáculo.