Hoy se ha llevado la brisa
las greñas grises de los cielos,
no hay cortinas ni visillos
y el sol se explaya con todo rigor
y a sus anchas, entre bostezos y destellos.
Un día claro, azul y luminoso
que sobrepasa fácilmente sin titubeos
las más altas expectativas.
Ya anuncia el tiempo,
a modo de pregón voceado,
que estamos llegando a la Semana Santa.
La vida cotidiana continúa,
pero se predispone hasta hacerse fiesta
con la singular nostalgia
de un desfile de capirotes ante la Cruz.
Con estos tintes, después de tanta lluvia,
aferrados a la esperanza de un tiempo bonancible
que permita procesionar las calles,
arremolinarse en una bulla,
y rememorar aquellos días aciagos
que conducen hacia el fatídico Calvario.















