Resbaló una lágrima
por el dulce desierto de su mejilla.
Tosió, la enjugó con el pañuelo
y borró el surco, como si hubiera
plantado una semilla en el barbecho.
No es lo mismo recrearse en el dolor
que virar con el propósito
de recomenzar,
de tender un puente de esperanza
entre el abismo y el devenir,
con la firmeza de quien se afianza
a una tabla de salvación.
Ahora lo desconoce todo,
no sabe como lucirá el nuevo amanecer,
pero está empeñada
en trocar lágrimas por sonrisas
y desesperación por bonanza.
A veces, ante una avería,
lo seguro,
es hacer saltar los plomos.
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