Alborea. Se descorre la mantilla
y se intuye con nitidez la mañana.
Es primavera. Remolonea la luz
y torpemente se ha diluido la noche.
El tránsito está siendo inequívoco,
pero le quedan al alba demoras,
visillos traslúcidos que descorrer
para que se adentre la mañana.
En el claror, se han apagado las estrellas,
aunque una apaisada y móvil veladura
siembra de terca incertidumbre la llegada
del portillo del día con cierta retranca.
Ya asoma la mañana, el sol pespuntea
sus haces de luz y va anegando las sombras;
ha vuelto la radiación solar a su equilibrio,
tras un anecdótico y primaveral titubeo.

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