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28 abril 2026

HORAS DILATADAS

 




A lo lejos, se hace de oro el silencio

y el sol rinde armas al ocaso.

La tarde ha perdido su virtud

y es cristal empañado,

mácula, como paja en ojo ajeno.


En las cercanías, un campanil

invita a la oración,

pero la calle no entiende de recogimiento

y un automóvil hace sonar el claxon

como portazo de quien se desentiende.


Se turba la paz, como también

será agitación el telediario

y pondrá patas arriba a la esperanza.


La dulzura de la noche plácida

deja su acento diacrítico

a lomos de la imaginación,

apoyadas las manos en un buen libro

y abierta de par en par

la capacidad de sorpresa,

observando el brazo arqueado del flexo

que evita que pueda perderme

en la masa amorfa de lo desconocido.

8 comentarios:

  1. Un libro nos lleva a otros mundos, al igual que tu poema, un abrazo Francisco!

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    1. La lectura, María Cristina, es un juego mágico. En nuestra soledad y aislamiento provocado, se nos manifiesta la vida mágicamente.
      Un abrazo.

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  2. Me gusta eso del acento diacrítico de la noche.
    Un abrazo, Paco.

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    1. Es un acento que no nos puede pasar desapercibido, Cayetano, ya que viene marcado.
      Un abrazo.

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  3. Consigues un equilibrio entre lo positivo y lo negativo, Francisco...Realmente hay un gran contraste entre los ruídos materiales y los de la naturaleza y el espíritu y hay que saber encontrar el punto medio con un buen libro...Buen poema, amigo poeta.
    Mi abrazo siempre.

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    1. El equilibrio es esa estabilidad que no siempre logramos o que con suma facilidad perdemos, María Jesús.
      Un abrazo.

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