A lo lejos, se hace de oro el silencio
y el sol rinde armas al ocaso.
La tarde ha perdido su virtud
y es cristal empañado,
mácula, como paja en ojo ajeno.
En las cercanías, un campanil
invita a la oración,
pero la calle no entiende de recogimiento
y un automóvil hace sonar el claxon
como portazo de quien se desentiende.
Se turba la paz, como también
será agitación el telediario
y pondrá patas arriba a la esperanza.
La dulzura de la noche plácida
deja su acento diacrítico
a lomos de la imaginación,
apoyadas las manos en un buen libro
y abierta de par en par
la capacidad de sorpresa,
observando el brazo arqueado del flexo
que evita que pueda perderme
en la masa amorfa de lo desconocido.

Qué bien escribes, jodío
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