Imagina una humilde casita
encumbrada en lo más alto de la colina,
con las estancias necesarias
y una chimenea que irradiara el calor del hogar
en competencia con el nuestro;
allí el sol sería presencia activa
desde el alba al ocaso,
rompería su rutina y descansaría
a pierna suelta en el porche,
caldearía las placas solares de la techumbre
y acabaría por deslizarse
por el terraplén que lleva hasta el arroyo
despidiéndose con encarnada alegría.
Las nubes, por su cercanía,
serían como globos que pincharíamos a capricho
y se escaparían volando
de nuestras garras juguetonas.
La luna se mostraría celosa
y entraría en competencia contigo,
especialmente en su fase llena;
seguro que vaciaría su sonrisa de plata
por el alféizar y teñiría de momentos idílicos
tus cabellos castaños en tonos azulados.
Deja de soñar, Manolo,
el teletrabajo no te agota, pero a mí sí,
y ya es hora de recoger a los niños.

Manolo se hizo un Resines.
ResponderEliminarCasi un monólogo.
Salutem.