Como una telaraña,
con esa viscosidad malsana
y esa mala intención extraña
de atrapar víctimas sin selección
sino con total indiscreción;
sin limitación en número,
sino a todo el que transita de paso,
sin importar la edad o el sexo,
tanto si pasa a pie o va volando.
Es la aciaga maraña
de los que juegan a la guerra,
y van usando todo tipo de garras:
guadaña asesina de la violencia.
¿Qué podemos encontrar
sino la malsana telaraña
de quien usa sus mañas
para acabar con las vidas ajenas,
tanto si son jóvenes como añejas?
Tuya son las armas,
pero no la tierra;
tuyo el exterminio,
pero no la razón,
ni tampoco las materias primas
de todos los rincones de la tierra…
Mío el corazón, que llora y que clama
por la PAZ mundial,
por la cordura, el diálogo y el orden,
por el fin universal de todas las telarañas.

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