Como la hormiga anónima,
una más en medio de una fila interminable
aportando una leve brizna al hormiguero,
un elemento tan importante como prescindible
que camina incesantemente y bajo anonimato,
que coopera en la tarea común
que ni siquiera sabe quién lidera
ni con qué metodología o principios
dicta las leyes que le compromete.
Como ese cordero de la manada
que nunca llegó a sobresalir
por ninguno de los índices del pastor,
y se quedó rezagado en la indecisión
de haber sido seleccionado
para algunos de los criterios con los que se rige.
Como ese banco de peces,
-todos iguales, todos distintos-
que se mueven por la inercia de uno entre tantos
tan anónimo como el miedo intuitivo,
-todos bajo la misma bondad e idéntica amenaza-
Así también la masa humana,
-de la que formo parte-
bajo la tutela indiscriminada de un dictador
o de un alocado caudillo
que se regodea de ejercitarse en sus caprichos
por encima de los dictados de la conciencia
y la bienandanza de la sociedad.
Al final, como todos los espacios estrechos, como el cuello del embudo, lo estrecho será para la gente corriente; lo ancho, para unos pocos afortunados que de la desgracia ajena hacen negocio.
ResponderEliminarUn abrazo.