Imagina una humilde casita
encumbrada en lo más alto de la colina,
con las estancias necesarias
y una chimenea que irradiara el calor del hogar
en competencia con el nuestro;
allí el sol sería presencia activa
desde el alba al ocaso,
rompería su rutina y descansaría
a pierna suelta en el porche,
caldearía las placas solares de la techumbre
y acabaría por deslizarse
por el terraplén que lleva hasta el arroyo
despidiéndose con encarnada alegría.
Las nubes, por su cercanía,
serían como globos que pincharíamos a capricho
y se escaparían volando
de nuestras garras juguetonas.
La luna se mostraría celosa
y entraría en competencia contigo,
especialmente en su fase llena;
seguro que vaciaría su sonrisa de plata
por el alféizar y teñiría de momentos idílicos
tus cabellos castaños en tonos azulados.
Deja de soñar, Manolo,
el teletrabajo no te agota, pero a mí sí,
y ya es hora de recoger a los niños.

Manolo se hizo un Resines.
ResponderEliminarCasi un monólogo.
Salutem.
Manolo es mucho Manolo.
EliminarUn abrazo.
Manolo no quería ir por los niños al cole
ResponderEliminarManolo no colabora y así no se puede hacer nada.
EliminarUn abrazo.
Se le acabó el romanticismo a Manolo! Hoy toca el humor, un abrazo Francisco!
ResponderEliminarA Manolo hay que decirle que hay que estar a las duras y a las maduras, que las cosas no se hacen solas.
EliminarUn abrazo.
😊 se le acabó súbitamente la hora de ensoñación.
ResponderEliminarAbrazos dulces.
Fue como un despertar abrupto., Sara. Tienes razón.
EliminarUn abrazo.
Es bueno parar de vez en cuando y soñar, el espíritu lo necesita, nos renueva por dentro y volvemos con más energía a la tarea diaria...Muy bueno, Francisco.
ResponderEliminarMi abrazo, amigo.
Sin la menor duda que es así. También es importante volver a ser niños de vez en cuando, María Jesús, y hasta maquinar una travesura.
EliminarUn abrazo.