Se asoma el rubicundo por el Este
y a unos alumbra y a otros distorsiona;
a los tallos nuevos los reviste de armonía
y a los que están mustios o en caída libre
apenas si les dedica una esquela:
la uniformidad es una disparidad asertiva
en el rincón oculto de los sentimientos.
No es el contenido, tampoco el continente,
es la percepción la que distribuye
cada varilla del abanico, con su brochazo de color,
y se hace sumando de un conjunto armónico:
a algunos les apetece su brisa rítmica
y otros la detestan:
la disparidad es una constante que nos acelera.

Has comparado el viento del Este con el aire del abanico...Cierto es que no a todos les gusta, y más ahora en primavera con los constipados y alergías, Francisco...Hay de todo, gente que aguanta el bochorno del verano sin inmutarse, y los que se abanican en invierno...
ResponderEliminarMi felicitación por esa observación constante y profunda.
Mi abrazo siempre.
Lo más laborioso suele ser centrarnos en el camino, María Jesús. Una vez concebido el tema, darle forma no suele ser lo más laborioso. ¿No crees? Tal vez lo digo porque en este instante estoy ante la página en blanco, entornando y abriendo los ojos.
EliminarUn dulce abrazo.
Ahí Ma.Jesús me dio el pie, me abanico hasta en invierno! Tengo colección porque sabiendo lo acalorada me regalan siempre! Un poema sencillo y hermoso en su disparidad, un abrazo Francisco!
ResponderEliminarMe alegra que lo hayas sentido cercano a ti, María Cristina.
EliminarUn abrazo.