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26 abril 2026

CANCIONCILLA INFANTIL

 



Aquella tarde de abril

cuando el sol ya se ponía,

se puso mustio el jardín,

al tiempo que trascendía

el aroma del jazmín.


Por ti me bajé al arroyo

buscando juncos y aneas,

y solo encontré mastrantos,

de tal rigor y profusos

que su aroma aún marea.


Murió la tarde en la loma,

el sol se fue resbalando

por la ladera poniente,

cuando el cielo enrojecía

y la luna fue asomando.


Yo sentí que me embriagaba

esa conjunción de estrellas

que el cielo iluminaba,

y la blanca veladura

de tu mirada de nácar.


Por el camino de vuelta,

antes de llegar a casa,

se nos cruzó un cervatillo

como un cordero lanudo:

blondas de azúcar y nata.


6 comentarios:

  1. Recuerdos de un tiempo que se fue.
    Con quintillas frescas y mañaneras, "fechas al modo francesco", sin el corsé obligado de la rima consonante, que a veces estorba más que ayuda.
    Un abrazo.

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  2. Me recordaste que aún siendo niños se sienten esas ternuras hacia quien nos inspira y permanecen para siempre. Un abrazo Francisco!

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    1. En el fondo, tan solo somos niños creciditos, María Cristina.
      Un abrazo.

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  3. Esa canción infantil tiene un eco de nostalgia e inocencia, pero viene bien recordar, no sólo porque nos impulsa hacia adelante, también porque el niño/a interior que llevamos dentro nos lo agradece...Muy bello, amigo poeta.
    Mi abrazo y feliz domingo.

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    1. Ese es mi caso, María Jesús. Ese niño renace cuando menos se le espera y se manifiesta.
      Un abrazo.

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