Y llegó abril marchando sobre los pies
con sonido de tambores y cornetas,
para subir hasta el Calvario.
Y la música de capilla nos ayudó a inferir
si andamos o no por el camino adecuado.
Ya habían estirado los días
y se habían difuminado algunas penumbras.
La hierba anunciaba una nueva floración
y los naranjos no se quedaron rezagados
sino ensimismados los paseantes.
Y se plantó en la segunda semana
con alegres sonidos festivos
para celebrar mi ochenta cumpleaños.
Y recibí toda una mochila de afectos,
y me desbordaron las muestras de cariño
que me elevaron por unos instantes
por encima de las nubes de lo soñado.
Y con los compases oportunos llegó la Feria,
y una explosión de lunares y farorillos
confundió la noche haciéndola pleno día.
Y la música se hizo cascada festiva,
y la mujer bajó de los altillos una oleada de flecos,
y desnudó sus hombros que cubrió de hilaturas,
y el albero se cubrió de achares, garbo y tronío…
Y volverá de nuevo abril sobre el calendario,
y pasará lista, y serán notables las ausencias.
Y ojalá. Y ojalá yo no falte a la cita.

Y se quedarán los pájaros cantando...
ResponderEliminarEsperemos ver antes muchas primaveras.
Un abrazo.