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07 abril 2026

ECOS LEJANOS

 




En la sala, el hogar, la protección,

el crepitar de la leña hasta ser brasas

y el derroche de amor

como moneda corriente y en curso,

como cinturón de seguridad sin resquicios ni aristas.

Al final de la escalera,

los pasos crujientes sobre madera,

los relatos en la voz de la abuela,

los sueños y los ensueños por entre las fértiles fisuras,

y entre las sábanas los atolones de lo imaginado.

En la plaza, los juegos aplazados

hasta el día siguiente

y la guardia pretoriana de las palmeras

elevando los nidos más allá de lo visible.

En la campana del reloj

la repetición de las horas en punto

y la veleidad sonora de las medias;

los juegos, los Chorros, los buñuelos,

y la pescadería aromando las mañanas

entre voces y escamas en competencia.

En la era, las reproducciones cinematográficas,

los enfrentamientos bélicos y las conquistas,

y desde mi ventana,

el azul del mar haciendo guiños relucientes

de tierras desconocidas,

la aventura de un más allá que rompe las lindes.

4 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Ni mi abuela ni mis padres están para agradecértelo, pero yo no lo podré olvidar.
      Un fuerte abrazo.

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  2. Francisco, has mirado en perspectiva el recuerdo de la infancia, que se muestra claro rotundo y sabio desde tus ojos maduros...Una preciosidad, donde el trabajo, el amor hogareño, la creatividad, el juego y los sueños son protagonistas de aquellos días inolvidables...!!
    Mi felicitación y mi abrazo por tu genuino y hermoso poema.

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    1. No imaginas el empuje que ejerce en mí tu opinión. Mil gracias por tanta generosidad, María Jesús.
      Un fuerte abrazo.

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