Brilla la luz sobre los tejados
y reverbera la memoria
encintada a la lejana infancia;
en los Chorros, los juegos lúdicos
acaban en salpicaduras y remojones,
en sed saciada, todo a un tiempo.
Desde el Castillo hasta el azul infinito,
la planicie sin límites del mar,
la atemporalidad de frutales
y bancales de verde frondosidad,
la vida cotidiana del labriego
soterrada y sometida al duro yugo.
Desde Cerrillares o desde el Atajo
un canto de esperanza iluminada,
una salida transversal a lo cotidiano
que diversifica las miradas,
y así, cada quien observa el panorama
acomodado a su manera de sentir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario