Brilla la luz sobre los tejados
y reverbera la memoria
encintada a la lejana infancia;
en los Chorros, los juegos lúdicos
acaban en salpicaduras y remojones,
en sed saciada, todo a un tiempo.
Desde el Castillo hasta el azul infinito,
la planicie sin límites del mar,
la atemporalidad de frutales
y bancales de verde frondosidad,
la vida cotidiana del labriego
soterrada y sometida al duro yugo.
Desde Cerrillares o desde el Atajo
un canto de esperanza iluminada,
una salida transversal a lo cotidiano
que diversifica las miradas,
y así, cada quien observa el panorama
acomodado a su manera de sentir.

En la vida sencilla del trabajo, en los recuerdos de infancia, ahí se encontró tu poema, un abrazo Francisco!
ResponderEliminarLa infancia nos marca mucho más de lo que imaginamos, María Cristina.
EliminarUn abrazo.
Una mirada profunda, analizando y sintiendo cada perspectiva, Francisco...Cada cual ve la realidad según su madurez, experiencia y sabiduría...Tu sabes mucho de ello.
ResponderEliminarMi abrazo y mi cariño.