No te busco. Ya no te busco
como te buscaba con denuedo.
Un día no lejano, te descubrí
en lo profundo de mí mismo
y hasta formabas parte mi ser;
desde entonces dejé de buscarte.
Estás en todo instante, si bien,
quizás con letra minúscula
para no hacerlo notorio;
pero eres presencia activa
que pasa como entre líneas
con tu monólogo interior
y esos decires sugerentes,
tan suplicantes como perentorios
que te definen y suenan a monotonía.
Ahora bien, ¿cómo renunciar,
cómo acallar esa voz sugerente
que me colma y me satura?
He llegado al convencimiento
que es la misma luz la que nos ilumina,
que nos incomodan las mismas sombras,
esos bebedizos sin formulación
como desvaríos de sapos indigestos.
La verdad es que ya no te busco,
porque sé bien que eres parte indivisa
de mi hacer cotidiano, mi sentir y mi pensar.

Dos almas en una, un abrazo Francisco!
ResponderEliminar