Abro la ventana, dejo que entre
y se ensabane en tu cuerpo;
la luz del amanecer, envolviéndote,
para que tu despertar no sea bronco,
para que te rocen los haces irisados
y endulce tus primeros bostezos.
Vuélvete, encuéntrate conmigo,
antes de que pueda deslumbrarte
la luz del nuevo amanecer;
pero no dejes de arrebatarte
y arroparte mimosamente en mi cuerpo.
Se acerca el instante,
lo intuyo y ya me relamo.
Estás a punto de finiquitar el sueño,
y con él la noche,
para decirme todo lo absoluto
en la mueca de tu primera sonrisa.

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