Así ha sido. Ni más ni menos.
Cada día tiene su enseñanza,
y su afán; aunque algunas
pasan desapercibidas
como cicatriz en lo oculto
de una fisonomía celosa que disimula
y calla en lo recóndito.
Ella viste la moda de oriente,
muy multiplicada y repetitiva,
pero que transforma con habilidades
hasta hacerla inefable y señera.
No lo he soñado,
lo he vivido una y otra vez,
como juego que tiene su casilla de salida,
sus tropiezos y su meta soñada.
No es un acaso, ni un quizás,
es ciclo que se repite,
que nace espontáneo
como de un repente
y termina asombrando.
Créeme, no lo he soñado,
lo he visto y me sigue admirando,
con tan solo una jareta,
un bies florido o un fruncido inesperado
hasta hacer de lo común el singular.

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