He recreado una imagen de ti
contorneándose en mis palabras,
con la intencionalidad de hacer
una criatura jovial y novedosa,
donde tu esencia, sin aditamentos,
sobresaliese del plano de lo manido.
A veces era excesivo el brillo de tus ojos,
otras era tan idealizada como eso que almaceno
y tan solo yo era capaz de reconocer;
en ocasiones la noche de tu pelo
aparecía como sol radiante, y otras,
la curva de tu vientre un parto continuo y generoso.
En mi interior, voy hablando continuamente de ti,
pulsando, como orfebre, cada curva u ornato;
pero todo resulta de talla ínfima e incapaz
para mis desbordados deseos.

Acá la pasión va ganando la batalla, un abrazo Francisco!
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