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13 diciembre 2016

ALJIBES DE BARRO



Botijo y cántaro tenían su alma líquida
y sus panzas sudorosas;
un sudor del reposo
con el que conservar fresco el contenido,
a la espera de darse con generosidad
y saciar la sed de toda la familia.
Pequeños aljibes de barro que se nutrían
─fundamentalmente─
del esfuerzo de la madre
o de las niñas que comenzaban a mocear.

En el pueblo no había red de alcantarillado,
pero “Los Chorros” corrían imperturbables
desde siempre y con vocación de permanencia.
¡Paquito, ve a por un búcaro fresquito,
que vamos a comer!

La plaza era un trasiego de niños que juegan,
madres que van y vienen sobre el agua
y acémilas llevadas a abrevar.
En cubos de zinc, las aguas negras eran devueltas al río
para completar el ciclo que hoy oculta el subsuelo.
En mi memoria no circula la añoranza
─salvo de las personas─
pero sí el recuerdo de un tiempo dulce de infancia.

11 diciembre 2016

LA CAMA PLANCHADA



A Tracy, como percha para sus recuerdos.

Recordaba los brazos de la abuela
como el rescoldo donde sentirse a salvo,
la dársena en la que refugiarse
de la tempestad de los miedos nocturnos
y dormirse arrullada por cuentos
en vez de padecer los hielos
de aquellos duros inviernos
en el desangelado caserón familiar.

Todos sus placeres se los adjudicaba a la abuela,
cada uno de aquellos momentos dulces
que conformaba el álbum de su infancia,
por eso no entendía
que la gente hablara de sus mayores
como antesala del gran derrumbe de la partida.

Pasados los años, descubrió en el desván
un extraño artilugio de metal
con el que la abuela  ─le contaron─
solía planchar la cama cada noche.
Ahora es ella abuela y brazos amorosos,
pero no necesita de esa reliquia para hacer
que su nieta duerma cada día en el paraíso.

10 diciembre 2016

PALMATORIA



En mi niñez, la luz eléctrica
era un bien que no alumbraba
todas las sombras. Quizá por eso,
recuerdo en la mesita de noche de mi madre
una palmatoria de bronce
con la que mi hermano y yo, a hurtadillas,
descubríamos tesoros inefables
a los que se llegaba por el pasadizo
secreto de lo mágico.

En la pirueta del vivir cotidiano,
nos rodeamos de cosas inútiles
y ocasionalmente de útiles en desuso
sobrepasados por la vanguardia de los días,
pero a los que nos vinculan
las historias vividas o soñadas,
esas que no resultan nada fáciles descartar
de entre los cachivache de la inutilidad.

Vivimos sueños y soñamos vidas que son como sueños,
en especial cuando un elemento material
ayuda a nuestra mente
a bichear por los corredores inmateriales
que socorre nuestra sed de fantasear,
fondeando el ancla en la bahía de la infancia.

09 diciembre 2016

LA GARRUCHA



Suspiraba de forma lastimera
a cada impulso sobre la cuerda,
como si se dejara jirones del alma de madera
en el roce metálico del eje
que le atraviesa de costado a costado;
pero tenía vocación de eternidad
y fue útil
hasta que la municipalidad
instaló saneamientos públicos
y el esfuerzo quedó limitado
al giro ocasional del grifo
y a la dictadura periódica de la facturación.

Sobre el arabesco metálico
que se eleva por encima del brocal
y del presente,
el testimonio de otras vidas más humildes.

En la garrucha, las muescas
y los desportillados del tiempo,
como aldaba
de un pasado que ahora parece lejanísimo,
pero que forma parte
del cliché imperecedero de mi infancia.

08 diciembre 2016

A UN BANCO DEL PARQUE



Hubiera dado algo importante
por tu cercanía mil pasos antes,
pero tú, pétreo obstinado,
─también húmedo─
te acomodas a tu sorda e insensible
terquedad con las visitas.

Has oído todos los cansancios,
todos los bostezos, las intimidades
y arrumacos de amores primerizos, o avejentados,
las largas sentadas, las largas esperas,
los acomodos y los de asientos inquietos.

Ni te ofreces, ni te niegas;
tan solo eres presencia dura
y duradera
que resiste todas las huellas,
salvo el moho y el musgo que te viste de anciano.

He soplado las hojas, he sacudido
los excrementos de las palomas
y me acoges
con tu escasa ternura,
mientras robas calor de mi cuerpo,
piedra taciturna.

06 diciembre 2016

UN GLOBO A LA ETERNIDAD


Velad, pues no sabéis ni el día ni la hora.
Mt 25, 13

Como una cometa que se eleva
filtrándose
por entre los pies amorfos de las nubes,
como estallido de rabia
que explosiona cuando se acerca a la órbita
y descarrila en mis brazos
por los caminos siderales,
desvaneciéndose
como luz que se apaga mortecina
y hace todavía más amarga la tiniebla,
como sorpresivo fin de fiesta
o piruleta que cae al suelo y la pisan
ante el desespero del niño
que llora con desgarro;
así, con esa virulencia
recibo de tu hija la noticia:

El Barberillo de Lavapiés
ahora es un globo a la eternidad.

Tan solo hace unos días de la renovada promesa
para ese encuentro por siempre aplazado
que reanudaremos
en el estadio de lo inmaterial.

Ya eres aire liberado por los espacios celestes
y yo llanto de ausencia,
como niño a quien rompen su juguete
y no encuentra consuelo.

Hace dos meses que canté tus bodas de oro
y desde entonces guardo silencio;
un misterio
una voz quebrada como augurio
de este azote con el que esta noche
he sido flagelado.

06 octubre 2016

UN NUEVO AMANECER



A Pepa y Paco con mis dos manos amigas.

Cincuenta años, mi amor,
hace cincuenta años
que teníamos veinte,
que éramos ríos desbordados
conducidos por acequias de fuego
que se buscaban para incinerarse en el otro;
ahora, tras la sequía,
─lava apagada─
vivimos este barbecho
donde la pasión sestea,
al tiempo que florece
un sosegado retoñar de ternura:
un nuevo amanecer
donde los ríos no contabilizan el caudal
sino la persistente constancia
en el mapa de nuestra piel
y en la singladura de nuestro corazones.
Cincuenta años, mi amor,
hace cincuenta años
que teníamos veinte,
y aquí andamos:
aquilatando los días
en espera de una buena propina.