No se si una mala mar,
la febril calentura de las temperaturas,
de esa que se deshace por los polos,
o la probatura de un cambio de hábitat,
pero las gaviotas, esas eternas marineras,
viven en régimen abierto
y hasta ejercen de ocupas
en vertederos y recintos de lo ajeno.
Algo así sucede con los jabatos:
los imprudentes queman el monte,
los ineficaces no consiguen apagadlos
y los colmillos hambrientos
buscan en los contenedores
como mitigar el día a día.
Mares contaminados,
un cielo envuelto con nubes de cenizas,
los montes esquilmados…
Algo grita en lo alta y no prestamos atención,
tampoco sabemos interpretar sus signos.

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