Tan diverso en melismas como un pueblo,
que a veces llora, otras se divierte,
o trabaja y pasa fatigas en sus entrañas,
que acompasa sus alegría o sus pesares,
según cuenta, según canta.
Si está solo y reflexivo, entona una toná;
pero si un hierro candente le sacude el alma,
se arrebata por seguiriyas o llora,
solo a solas y con todo desgarro por soleá.
Si se siente sobrepasado y necesita expiar sus pesares,
le reza a Dios purificando sus culpas por saeta,
como quien siente sobre sus hombros
el pesado madero de la cruz;
pero si canta mientras trabaja,
se acompasa por martinete sin otro compás
del de las herramientas que maneja,
o de las mulas que tiran del trillo.
Si le desborda el gozo, canta por tientos,
por tanguillos, por cantiñas o por alegrías,
si miro hacia mis orígenes, lo hago por malagueñas.

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