13 diciembre 2016

ALJIBES DE BARRO



Botijo y cántaro tenían su alma líquida
y sus panzas sudorosas;
un sudor del reposo
con el que conservar fresco el contenido,
a la espera de darse con generosidad
y saciar la sed de toda la familia.
Pequeños aljibes de barro que se nutrían
─fundamentalmente─
del esfuerzo de la madre
o de las niñas que comenzaban a mocear.

En el pueblo no había red de alcantarillado,
pero “Los Chorros” corrían imperturbables
desde siempre y con vocación de permanencia.
¡Paquito, ve a por un búcaro fresquito,
que vamos a comer!

La plaza era un trasiego de niños que juegan,
madres que van y vienen sobre el agua
y acémilas llevadas a abrevar.
En cubos de zinc, las aguas negras eran devueltas al río
para completar el ciclo que hoy oculta el subsuelo.
En mi memoria no circula la añoranza
─salvo de las personas─
pero sí el recuerdo de un tiempo dulce de infancia.

14 comentarios:

  1. Este fin de semana, haciendo uno de esos senderos que recorremos, en el pueblo de Lanjarón pude ver a mujeres recogiendo agua de las múltiples fuentes que manan por el pueblo. Son imagenes que la modernidad las hace raras.

    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Emilio, por tu comentario, el cual me desvela cómo tendemos a pensar que en todas partes la vida transcurre del mismo modo y no es así. Aunque el primer mundo se halle en la "Era de las Comunicaciones", hay sociedades en otros rincones de la Tierra que no han llegado ni siquiera a la Edad Media. Lo mismo pasa en nuestro país de unos puntos a otros, a pesar de la uniformidad que lleva la televisión.

      Un abrazo.

      Eliminar
  2. Memoria de lo que fuimos. Cuando se es joven se ve todo de otra manera. Y esa imagen queda en el recuerdo.
    Un abrazo, Paco.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es evidente que hay una visión de joven y otra visión de mayor para el mismo objeto, Cayetano. Ahora se recuerda aquellas cosas que desaparecieron como partes integrante de lo vivido.

      Un abrazo.

      Eliminar
  3. Qué maravilloso recuerdo! Imágenes imborrables dela memoria y del corazón. Beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por tu comentario, Rosa maría.

      Besos.

      Eliminar
  4. Respuestas
    1. Y más bonito todavía cuando esos recuerdos mueven los recuerdos de otras personas. Muchas gracias, Jackie.

      Eliminar
  5. De nuevo muchas gracias.
    ¡Qué bonito lo haces y qué prestancia le das a objetos tan humildes como puede ser un cántaro o un botijo!
    Hoy no se ve la importancia que tenían, que era mucha, en el trajinar de la vida diaria de aquellos tiempos.
    Estos poemas deben estar en un museo junto a los objetos que describes, para que no se pierda en la memoria de los tiempos.
    Un abrazo fuerte.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mil gracias, Tracy, por tu entrañable comentario. No sé si estos poemas serían meritorios de formar parte de ese etnológico, pero mi iniciativa es la de hacerlos vivir entre "mi gente", aquellos que me siguen como es tu caso.

      Un fuerte abrazo.

      Eliminar
  6. Era una gran solución, para aquellos tiempos en que no se había inventado el frigorífico, para mantener el agua fresca en esos días de calor afixiante.

    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Era una larga tradición histórica que convulsionó afortunadamente en los años 60 del siglo pasado con la canalización de agua potable a los hogares y otros bienes de consumo que nos sacaron de aquel estilo de vida.

      Besos.

      Eliminar
  7. Es espectacular está entrada.
    Un abrazo, Paco.

    ResponderEliminar