Quisiera ser, en toda plenitud,
el espejo donde valores tu perfil,
donde te mires y te recrees
en tus límites y en tu grandeza
el lago donde enfrentarte a ti misma,
confrontarte, medirte y valorarte.
Quisiera ser la arena, el agua y también
el cemento con los que enlucir
la estancia en la que moras,
la leña, la retama de tu chimenea
y las cenizas sobre las que meditar.
Quisiera ser el apagafuegos de tu sed,
la cal que revista de impoluto
tu fachada, tu esbeltez y tu contorno,
el mismísimo brillo de tu alma,
y cada uno de los vertiginosos caireles
en los que tú puedas y quieras justificarme.
No hay comentarios:
Publicar un comentario