Para ser feliz,
no quiero tesoros, ni palacios,
ni suntuosidades que me saquen
del común y ordinario de mis días,
tan solo un ir tirando
que engarce el hoy con el siguiente,
y que lo vivamos como solemne
fiesta de guardar.
Elevemos este resto a la enésima potencia,
subamos el volumen, o el silencio,
así como pautemos el ritmo
con el que no perder el paso
y pasar de pronombres
a la pertenencia de los posesivos.
Un día prescindiremos de tu nombre,
de nuestros nombres,
y pasaremos a ser el referente
desnudo de sufijos,
para ser, de fijo,
parte indivisa del todo: el uno del otro.

Una belleza de poema de amor, un abrazo Francisco!
ResponderEliminarTe agradezco que así lo hayas sentido.
EliminarUn abrazo.