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21 diciembre 2019

TORRENTE EN CRECIDA




Un torrente en crecida,
un borbotón que amenaza desbordarse
y hace de los ángulos escolleras
por las que sangrar
hasta la lividez de lo resistible.

El pulso languidece. Hace frío;
todavía no es invierno,
pero son gélidas todas las expectativas
y se adivina la derrota.

Un universo en deshielo
afronta la lividez de este estado
que se me escapa al tacto
y se encarama en la sospecha.

A pesar de todo, estoy sereno;
tengo frío, tengo mucho frío,
ese mismo frío de quien nada espera.

20 diciembre 2019

CARMELA




La muerte, suceso extraordinario
en la rutina cotidiana de los días:
se nace con alborozo
y nos marchamos en silencio
para en breve ser olvido que
ni siquiera deja huellas ni se archiva.

Hacía planes de futuro
valorando un nuevo enfoque
para sus limitaciones, sin recordar
las muchas veces que había oído:
No sabéis ni el día ni la hora.

Se ha marchado en paz, bajo
el sosiego artificial de la farmacopea;
ha adelantado el sueño
y no se ha percatado del tránsito;
era exigente y le hablaba con rigor:
¡Ya sabes que sólo te tengo a ti,
así que a ver qué haces conmigo!

Ha sabido hacerlo: una cita con fecha y hora
y allí se encontró con el billete de regreso,
en la nebulosa de no saber qué está sucediendo.

19 diciembre 2019

TIEMPO DE CAMBIOS




Tiempo de estruendos:
hasta la lluvia ha dejado de ser
monotonía en los cristales
y se ha hecho sobresalto,
tornado bautizado con nombre de persona
como epíteto de incógnito diablo.

Se acabaron los tiempos mansos:
el sutil calabobos o la lluvia cansina;
ahora nos movemos a la velocidad del sonido
con aspiraciones a de la de la luz,
como AVE sin cabeza
hacia un destino incierto,
hacia una estación sin nombre
y posiblemente sin alma.

Tres elecciones y sin gobierno; tres,
y el desmadre de cada uno para su bolsa
nos ha sacado de la curva de la convivencia
por la fuerza centrífuga de quienes se esfuman
como adolescente que mata a su padre
buscando su identidad.

Tiempo de estruendos,
de oscilación entre la pertinaz sequía
y las inundaciones, de desalmados
que han perdido el amor a la madre
y también el norte.

18 diciembre 2019

Y VIO DIOS QUE ERA BUENO




“Y vio Dios que era bueno.”

Lo había hecho todo:
el día, la noche, la materia,
la lluvia…   Y con la lluvia el barro.
Y se hizo alfarero,
y le dio un soplo de vida,
y de dicha inercia, un esqueje
en carne viva y apetencia;
un complementario, anverso y reverso
de un todo reconocible
que se identificaban,
y con la capacidad de germinar
y centuplicar el censo.

Les entregó valles y prados,
bosques y árboles frutales,
el día y la noche, luces y sombras,
todos los mares de azur
y tierras frondosas,
todos los reinos animales;
les dio el habla y la potestad de nombrar,
de darle sesgo y predicado a todo.

Y fueron tentados,
y todas sus fortalezas
las usaron en acusarse uno al otro
sin responsabilizarse de su fragilidad.

Y nació la codicia, y lo mío es mío;
e inventaros las fronteras,
los mojones y los aranceles.
Y el dedo acusador sigue codificando al otro
en la periferia de lo reconocible.

Y así, enredando, enredando,
de generación en generación,
se deshelaron los polos de los corazones
con riesgo de licuarse
y el consecuente aumento
de los niveles de codicia…

No se sabe qué pensará Dios,
pero es muy posible que hoy opine
que no era tan bueno.

17 diciembre 2019

TE RECONOZCO EN LO QUE CALLAS




Te reconozco en lo que callas,
en lo que mascullas en tus silencios
y hasta en las lagunas de tus pensamientos.

Han sido muchas las tormentas
y más numerosos todavía los truenos,
los chaparrones y también
los días azules o blancos como soles
espejados,
como sábanas tendidas al sol
y ondeadas por el viento.

Hay un rito de la contemplación,
una suerte de miradas que callan
y son explícitas
como sesudas disertaciones.

Y a pesar de ello,
en cada visión,  una luz nueva,
un brioso destello
como chispas que saltan
al golpeo de un hierro incandescente,
una manera más de reconocernos.

Nos hemos mirado tantas veces a los ojos…

16 diciembre 2019

TRAS EL DIFUMINO




Tras el difumino del cielo,
mañana de niebla;
se esfuman las imágenes
por ángulos no descritos
y nos quedamos con un pentagrama vacío:
ritmo monocorde y anodino
como cantinela monótona
de insulso sopor.

A lo lejos,
una tosecilla reconocible.
¿Será ella? Sí, lo es;
al poco,
su figura es inequívoca presencia
como cámara enfocada para un retrato;
disparo y me sonríe.

Se descorren los visillos
y el sol tibio se hace presencia:
la vida vuelve a tomar sentido
y rueda por los cauces
de costumbre,
en los que me acomodo.

13 diciembre 2019

ANTES DE QUE MIS MANOS

Pintura de Vladimir Volegov



Antes de que mis manos
binaran con mimo de jardinero
el arriate de tu piel,
el aroma de tu fertilidad
era cosecha en mis sentidos
y sed insaciable, era certeza y desgarro.

Nuestras manos jugaban a estremecerse
en espera de conjugar el futuro
y dibujar palabras más allá de las caricias
con las que sentirnos adultos.

Luego cambiamos de calendario
y pusimos en marcha
los proyectos maquinados en la espera.

Fuimos unidad. Un día fuimos unidad
y nos multiplicamos dos veces,
dos hermosas y rotundas veces.

Ahora que somos solera,
y diálogo, y miradas, y silencios;
ahora que somos más ayer que mañana,
en el destello de tu mirada
pernocta la razón de mi existir.