Se atempera el clima,
las mañanas son frescas y las tardes
tiempo de soñar idílicos paisajes
y salir al encuentro de aventuras.
Se ha hecho el silencio en el bosque,
se intuyen miradas ocultas
y vigilantes,
pero solo la brisa canturrea al atardecer
y derrama de bilioso cromatismo
la senda y los pastos.
En el derroche alfombrado del suelo,
un muestrario desvaído
cuyos pigmentos se achataron por los polos
en este tiempo de renovación.
Se han subrayado las nervaduras,
y los ocres y rojizos sobreabundan
y rebosa el molde hasta hacerse moda:
en el álbum de mis recuerdos,
el rojo intenso de tus labios como contrapunto.
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