Tú eres la luz, yo la opacidad,
eres el camino y yo quien tropieza
en cada uno de sus vericuetos,
yo el desasosiego y tú la calma,
la infinitud sin término hecha vida.
Se que estás en la piedra, en el agua,
en el mar, en el lodo, en la flor, en el fruto,
en cada uno de los tallos y en las hojas,
en lo recóndito de las raigambres,
en el arroyo, en la cañada, en la corriente
y en la música de la brisa y la floresta.
¿Cómo podré tomar la iniciativa?
¿Con qué cubrir mi falta de destreza?
Al fondo de todos los caminos,
en cada recodo, allí estás tú, esperando.
Yo buscando un ansiado acercamiento,
rastreando las huellas de tu discurrir,
y tú, anticipo del todo,como en paralelo,
asomándote y haciéndote el encontradizo.
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