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01 junio 2026

LA HUIDA

 


                                 A Larysa Chesnokova


Una espantada colectiva,

bajo el silbo de las bombas,

una oración de recogimiento interrumpida

por la ambición vecina de expansión,

cuyas apetencias nunca se sacian.


La codicia no duerme, siempre vela

en el canto de una apuesta indefinida,

de unas garras que sueñan con estrechar

la vecindad hasta trasponerla,

y desescombrar, y levantar muros divisorios

y que los muertos entierren a sus muertos.


En el teclado de su piano

quedaron las huellas de sus declamaciones melódicas,

el féretro abierto de la música hecha enseñanza

y el eterno y obstinado aprendizaje diario:

la perfección no es fruto del azar,

sino la regla que traza el camino

hacia la cumbre de lo culmen.


En su semblante, el amargor ácido de la huida,

la mochila de lo íntimo y no desvelado;

pero en el rictus de su sonrisa complaciente,

la ternura traviesa de un “pizzicato” en el alma.

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