Se nos olvidan nuestros mayores,
y, para algunos, ni siquiera cuentan,
o lo hacen en pretérito imperfecto,
que es un agua que no mueve molino.
Últimamente se les ha alargado la vida
hacia la aislada senectud en soledad,
sin darnos cuenta que, como la infancia,
también ellos necesitan ser ayudados.
Son frutales si frutos, sin flores,
sin otra ofrenda que ser leña seca
o apenas un tocón que habla del ayer,
pero que olvidaron conjugar el futuro.
Es verdad que de sus selectas ramas
salieron los mejores brotes y los injertos
que hoy están enramados y arracimados,
florecientes activos en plena producción.
La eternidad está anillada a la historia,
pero no se justifica sino en el presente,
para quien únicamente cuenta la cuenta
y no la añoranza de un tiempo remoto.
La eternidad está en los anales históricos,
pero el tiempo que no es presente activo
es un reloj parado que ha dejado de funcionar.
Ya no me quedan.
ResponderEliminarAhora el mayor soy yo.
Abrazos.
Pero uno ve en los otros no que no siempre acierta a ver en uno mismo, Cayetano.
EliminarUn abrazo.
Es importante cuidarnos nosotros mismos y llegar con algún proyecto, en mi taller de cine y en el de literatura somos casi todos ochentosos! Un abrazo Francisco!
ResponderEliminarEstamos en una edad dulce, María Cristina. Yo también soy de tu club.
EliminarUn abrazo.
Los mayores que hoy gracias a muchos factores, llegan a más edad. Ya no me quedan a mí. Me siento muy satisfecha de haber estado con ellos muy cercana siempre y más al final de sus vidas. Mi fuerte no será como la de ellos, a mí me tocará una vejez en soledad.
ResponderEliminarUn abrazo muy grande.
No abandonemos esta red mientras seamos capaces de hacerlo. Esto no es una panacea, pero también es un buen apoyo.
EliminarUn abrazo.