Festivo es despertar de buena hora
y pensar en ti, en él, en vosotros,
no en qué me pongo hoy
sino con qué sonrisa me revisto
estos pequeños inconvenientes míos,
esos de mi día a día, para maquillar
y hacerlos inapreciables a los demás,
con tal de les pase desapercibidos.
Festivo es disfrutar a tope el partir,
y mucho más que eso el compartir
en una mesa con todos los asertos
y sin ninguna excepción que lamentar;
donde sea abundante el pan
y generoso el unto, la grosura
de lo ocasional y extraordinario;
también algo de vino, de cerveza,
de refrescos, con y sin,
siempre acomodaticio
y siempre al gusto de todos.
Festivo es hacer de este lunes,
o martes, o miércoles, una solemnidad
que habita en el deseo y no en el calendario;
porque en verdad, lo festivo,
son las miradas, los alientos,
los buenos deseos, las sonrisas,
los abrazos, y el interés por un bienestar
que salga de ti y haga diana en el otro.
¡Ven, hagamos una verdadera fiesta!
Una reflexión, que nos invita a valorar esos días "especiales" vistiéndonos de buen ánimo, compartiendo la vida, comidas, reuniones, sonrisas, palabras y esa sincronía espiritual entre todos, que al final nos deja un buen recuerdo, que alimenta la mente y el espíritu...Muy buena tu profunda reflexión, Francisco.
ResponderEliminarMi abrazo entrañable y agradecido (te invito a que leas: "aprendiz del misterio"
Gracias por tus palabras, y por tu recomendación. Seguiré tu consejo.
EliminarYa estoy ahí, cuenten conmigo! Un abrazo Francisco!
ResponderEliminarTú no podrías faltar, te tengo un lugar reservado, María Cristina.
EliminarUn abrazo.
Para los que ya no trabajamos cualquier día puede ser festivo. El mío cayó ayer lunes.
ResponderEliminarAbrazo