Ahora. Ni ayer, ni mañana, ahora;
este presente que nació en la mocedad
y nos sigue asistiendo en la vejez.
Los recuerdos son el agua de la acequia
y pasa de largo,
y el futuro la que acumulan las nubes
y pueden ser asaltadas por un anticiclón
o desplazadas a un destino remoto y desconocido.
Ni recuerdos ni presagios:
sólo presente y canturreando nuestras emociones.
Contando solo este ahora
en el que nos desenvolvemos,
reconociéndonos, más o menos toscamente.
Ni espejismo deslumbrante y sorpresivo,
ni miedo a encontrarnos en el iris del otro:
una mirada limpia, sin visión desordenada,
un deslumbramiento a los adentros,
esos que se han ido conformado
y fermentado
en el amasijo cotidiano del día a día.

Vivir al día.
ResponderEliminarUn abrazo.
Es lo que nos toca, Cayetano.
EliminarUn abrazo.
El hermoso milagro del cariño verdadero! Un abrazo Francisco!
ResponderEliminarBien lo nominas como milagro, como todo aquello que no comprendemos, aunque no dudamos de su existencia. Muchas gracias, María Cristina.
EliminarUn abrazo.