Despierto sin conciencia clara,
como quien se levanta de la mesa
con el desabrido gusto de insatisfacción,
como quien sale del túnel del tiempo
o del amasijo de un sueño de verano.
Todavía reina el silencio en el vecindario,
la luz demorada y tenue, no hiriente,
y el magnolia toma el relevo a la dama de noche
con la elegante fragancia de su galanura.
Despertar tan temprano es desdicha para muchos,
pero cuando se le encuentran los bellos perfiles,
el gozo recompensa con abundancia
esas posible o mal medidas pérdidas.
La vida arranca de aquí,
de lo oscuro de las entrañas maternales,
y nos coloca en la senda de nuestro albedrío
a plena luz del día, y con sus sombras,
para que cada uno se conduzca según sus criterios.

Hay días en que despertar temprano ayuda, otros que nos llaman a remolonear y por ahí dormir un rato más, preciosa la magnolia, un abrazo Francisco!
ResponderEliminarA mí siempre me ayuda. Las primeras horas del día son las que más disfruto.
EliminarUn abrazo.
Yo también soy de los que madrugan. Cunde mucho el día.
ResponderEliminarUn abrazo.
Afirma el refranero que a quien madruga, Dios ayuda.
EliminarUn abrazo.