No recuerdo la fecha,
si los hechos...
Fue al atardecer, cuando el sol
se derrama por el occidente
y ha dejado de ser rubicundo
y levantar heridas.
Tampoco recuerdo el lugar preciso,
ni si me lo contaron
o tal vez lo viví en primera persona.
Me dejé llevar por la preguntas del defensor
y ahí me atrincheré lo mejor que pude.
Eso sí. El vestido era rojo.
liso y sin adornos;
en la muñeca izquierda
un montón de abalorios,
todos ellos muy comunes, como baratijas.
Acabó negándolo todo,
y hasta el rojo intenso
quedó desvaído y demacrado,
con absoluta bien poca entidad,
y así, todo lo que antes fueron solfas razonables.
Ahora pongo en duda los hechos,
o tal vez las dudas son más certeras
que un mal despecho.
Pasaba por allí y me vi involucrado,
y hasta me exigieron acabar
y ofrecer mi testimonio.
No. No estoy satisfecho,
sigo sin saber nada,
pero en ese punto decidí no volver a beber.

Como reza el dicho popular: si bebes... que te inviten.
ResponderEliminarAbrazo sobrio.
Así te queda en el bolsillo para la próxima francachela.
EliminarUn abrazo.
Más dudas que certezas y menos tragos! Un abrazo Francisco!
ResponderEliminarLos tragos no son nada aconsejables.
EliminarUn abrazo.