Un profundo silencio preside la plaza,
un bostezo de insomnio y cansancio
tras la recogida de la Madrugá.
Voy orillando el ayer
desde este hoy recién estrenado
y todo parece de antaño,
como vivencias añejas de un tiempo reiterativo
que vuelve una y otra vez
en olas superpuestas y nacaradas,
y hasta emulan un pretérito imperfecto
con sujeto elíptico.
A la gran agitación le sigue la quietud,
el mutismo abismal,
con ecos insonoros que hablan en lo íntimo
y hasta aturde de tanta parálisis.
Ayer todo fue concurrencia, agitación,
aglomeración contenida y controlada,
largas, interminables y disciplinadas colas,
hoy está todo regido por la desolación
y el desistimiento resignado.
Languidece la plaza en su abandono,
bajo el inequívoco signo de la derrota.

Pasó el momento más querido y concurrido.
ResponderEliminarAhora todos descansan, incluyendo a los costaleros y "los armaos.
La noche pasada fue el punto de encuentro y hoy la desértica desolación.
EliminarUn abrazo.
Un antes y un después que significan lo mismo, lo que se quiere vivir y lo que a veces no se consigue, un abrazo Francisco!
ResponderEliminarMás bien es el vacío que queda después de un gran momento histórico, María Cristina.
EliminarEl tumulto y la agitación y después el silencio y la soledad...Precisamente anoche estuvimos viendo la "madruga" de Sevilla por la tele, Francisco...Y pude ver cuánta gente había y cuántos, cuántísimos nazarenos...Las virgenes, el Cristo de las tres caídas y esos balcones engalanados...Preciosa la S.Santa sevillana, amigo...Todo pasa y después viene el descanso.
ResponderEliminarMi abrazo entrañable y que sigas disfrutando de estos días.
Nosotros estuvimos en este preciso lugar, donde lo más destacable fue el inmenso recogimiento y respeto de tantísimas personas. Un silencio contemplativo que sobrecoge y hoy es un desierto. Aunque no lo sepas, tus palabras son combustible o energía solar para mi.
EliminarUn afectuoso abrazo.