Mi lista de blogs

22 enero 2012

EN EL PRINCIPIO...


En el principio era la palabra
y sin la palabra era el silencio
y en el silencio se perfiló el abismo
y del abismo brotó la luz
y la luz vino a poner orden en el caos
y del caos la noche parió al día
y con el claror del día se separaron las aguas
y de las aguas se generaron los ríos
y de los ríos se acumularon los mares
y sobre los mares sobrenadaron los cielos
y por los cielos se desparramó el firmamento
y en el firmamento se encendieron las estrella
y la más brillante de las estrellas era el sol
y el rubio sol iluminó la tierra
y la tierra —que estaba en barbecho— produjo vegetación
y entre la vegetación los árboles con frutos y semillas
y de las semillas se nutrieron los animales
y los animales se especializaron
y de la especialización surgieron las especies…

Pero todo seguía en silencio
y vio Dios que nadie usaba la palabra
e hizo Dios al ser humano a su imagen y semejanza
y habla y habla y habla y habla y habla y habla…

21 enero 2012

TETE MONTOLIU

No sé si me he referido alguna vez en el blog a mi vida profesional o si por el contrario lo he repetido hasta la impertinencia. Todos esos años transcurrieron en la hostelería, no en un único hotel ni en un único lugar, sino en varios hoteles de distintas ciudades. Lo mágico de un hotel es que viene a ser como un mundo en pequeñito donde personas y caracteres del mundo entero se pasean ante ti sin necesidad de viajar, como se pasean las muchedumbres ante un escaparate. Me han enseñado mucho, casi todo. He tenido la suerte de conocer personas de todos los rincones de la tierra que me aportaron muchísimo. Es difícil o más bien imposible que un profesional de la hostelería se queje de monotonía en su trabajo: en pocos lugares encuentra uno la oportunidad de que sea el mundo quien se pasea ante ti.


He conocido a muchas personas relevantes del muestrario universal. Me viene ahora a la memoria Miguel Ángel Asturias y la dedicatoria que me puso en el libro que tan amablemente me firmó: “Con mis dos manos amigas”. Si algún día me encontrara en una circunstancia parecida, estamparía esta misma dedicatoria. Hoy no quiero hablar de literatos, sino de música, del músico más grande que ha dado España al mundo del jazz: Vicenç Montoliu i Massana, conocido artísticamente como Tete Montoliu.

Su ceguera desde nacimiento no le impidió  ser influido por una familia de gran vocación musical. Tete se inició en el mundo del jazz atraído por la música de su admirado Art Tatum, el gran pianista también ciego. Aunque en sus comienzos se abría paso tocando en los pubs barceloneses, pronto sería reconocido como un gran jazzista y alcanzó fama y popularidad. Su trato fuera de los escenarios era cercano, a pesar de su limitación para contactar con las personas, y muy educado y atento. Hasta que le tuve como cliente, sólo le conocía a través de sus intervenciones en televisión, pero creció en mi el interés por su música a partir de conocer al intérprete. Os dejo una muestra de su música.

20 enero 2012

MAÑANA SOLEADA DE ENERO

A mi primo Francisco Márquez Espada

Hay paisajes que entran a formar parte de uno desde la más tierna infancia y nunca más nos abandonan. La distancia, por tanto, no es suficiente para separarme de mi Ojén natal sin permitirme vivir a mi atojo en el lugar que en cada instante me apetezca. He mirado las páginas del tiempo y me confirma que el día está despejado, así que, como tantas veces, con un libro de bolsillo en la mano paso del Sifón y me siento un rato sobre los bancos que hacen de salvamiedo sobre el cementerio viejo. Al otro lado de la tapia los campos de naranjos y las parcelas labradas con mimo; más lejos la hendidura del río que se junta, tras El Tejar, con el Aguamala y discurre sin pausa hacia el abrazo marino, tras perderse por la Fuentesanta. Y allá, casi en el infinto, la mar. Azul, muy azul. Una gigantesca mancha azul que hoy tiene la divisoria con el cielo perfectamente delineada. Sobre el horizonte, el Atlas, y escorado a la derecha el Peñón de Gibraltar.


El aire de la mañana aun tiene memoria de la escarcha nocturna, pero el sol ha usado la llave del proscenio y nos ha servido este espléndido día haciéndose caricia. Por Cañada Primera, corre un hilo de agua perdido entre las piedras que se despeña hacia el Amorquín. Apenas un leve murmullo que se apaga con el viento sobre las retamas y los algarrobos que ascienden hacia El Chifle. La nueva carretera ya no serpentea y se ha llevado por las alturas el tráfico que ahora es sólo eco lejano. De tarde en tarde, el ronroneo mecánico de un auto por esta carretera que me invita a orillarme. “¿Estás de pueblo?” —me grita a su paso— En el pueblo le suelen hacer a uno preguntas obvias, pero forma parte del saludo y la acogida. A lo lejos el sonido metálico de alguna azada cavando la tierra habla de presencia y pervivencia. Tras la alambrada del coto, pasada Cañada Tercera, un macho enhiesto sobre una roca enseñoreando su impresionante cornamenta; la brisa la tiene en contra y no se ha percibido de mi cercanía. Me siento al bode de la carretera y el macho sigue en su pose durante un buen rato.


Ya hace tiempo que he guardado el libro en el bolsillo recreándome en el paisaje. Por la Fuentesuela, ese tramo comúnmente umbrío, me invita a ponerme de nuevo el jersey que había anudado a la cintura. Ahora el murmullo del agua es cercano y el talud que me acompaña a la izquierda no me permite ver el paisaje de la Sierra Blanca hasta que no pase del cruce de Cerrillares. Se ha evaporado un tanto el olor a tomillo y ha tomado protagonismo el de romero y la resina de los pinos. En el paseo me acompaña como en flashback mi padre y los nombres de cada uno de los caminos y fincas que encuentro de paso. Allí aquellos amaneceres de invierno cuando la recogida de aceitunas en Purla y la bocina de Carita o de Pedro Caña. Estoy llegando a Los Rodeos —Los Caracolillos para los de Marbella y El Puerto de Ojén para las cartografías— y así podría seguir recorriendo y viviendo a mi capricho esta soleada mañana de enero donde me han traído los recuerdos, esos que son más poderosos que las distancias.

19 enero 2012

SUEÑO DE FELICIDAD

¡Cuánta mentira! Dicen que la vista nos engaña, pero nadie se imagina cómo miente Henri Matisse y sus dulces maneras hasta conseguir lo que se propone traspasar a los lienzos. En mi país, París era el referente cultural al que había que aspirar. Llegué a la Sorbona en plena juventud, cargada de ilusión y ansias de aprender. Los medios económicos no me daban para mucho y tuve que abrirme paso haciendo un poco de todo. En cierta ocasión me sometí a una donación sanguínea, pero el desvanecimiento fue superior a la recompensa y no volví a intentarlo. Una noche, que llegó a ser madrugada, me presentaron a Matisse en un tugurio del barrio latino, donde las copas me reportaron una nebulosa en la que perdí los matices de la memoria y quién sabe qué más.

Nu aux jambes croisées, Henri Matisse

Henri era dulce en sus prolegómenos y sus promesas me trasladaron al Mediterráneo, dejando detrás aquel anhelo de conocimiento que me había empujado desde mi Rusia natal. ¡Cómo te dejaste seducir, Lydia Delectorskaya! Sus promesas eran como el ímpetu de un torrente en crecida y la magia de su mirada confirmaba cada una de sus palabras con la rotundidad de una rúbrica notarial. Cada día palpaba mi cuerpo con la sensualidad de su mirada y la firmeza de sus pinceles. En cada lienzo, creí ver confirmado el mañana de mis días junto a él. Su mirada era escrutadora y lujuriosa; me hacía abrigar sueños de eternidad como sólo el amor es capaz de imaginar, a pesar de que nada le perturbaba su método y disciplina hasta plasmar con colores lo que su mirada de artista sublimaba.

Quienes contemplen la lozanía de mis desnudos no podrán imaginar las largas horas de frío a la que me sometió aquella alma desalmada. Siempre la ventana abierta. “Quiero plasmar la brisa mediterránea acariciando tu cuerpo”. Me pagaba bien, mucho mejor de lo que hubiera podido ganar en cualquier otra tarea normalizada, pero era un tirano al que nunca conseguí ablandar su corazón. Es cierto que me miraba con deseo, pero luego he terminado pensado que lo que hacía era provocar en mí la respuesta afirmativa en mi rictus con tal de lograr su propósito. Me había hablado de proyectos sin límites y abrigué la idea de formar parte de su vida aunque fuera en la intimidad de su estudio, pues en el fondo de mi corazón sentía la conformidad con ser la otra; mas cuando fui un tema agotado para su industria ya era fruta madura y se empezó a desvanecer aquel sueño de felicidad que me había prometido. ¡Cuánta mentira, Henri Matisse! 

18 enero 2012

COMEDORAS DE ESTRELLAS


Amaneció el reloj, pero el día seguía rezagado entre las sábanas nocturnas con suspiros y aplazamientos remolones, una escasa y rotunda película grisácea por donde no se había abierto paso el claror de costumbre; todo opaco como una noche revalidada hasta el extremo, algo que jamás habían conocido los ancianos del lugar. Nadie lo había decretado, pero todos guardaban silencio expectante como si un mal presagio estuviera a punto de ser desvelado. En el reloj de la plaza sonaron las nueve pero tanto podría haber sido del día como de la noche. El vecindario, como si así lo hubiesen acordado, estaba atrincherado en sus casas llenos de miedo. Ni los niños fueron a la escuela, ni sus madres fueron a la fuente a por agua. Todo estaba en expectante silencio. En la alameda, el viento tocaba un réquiem sobre las ramas de los árboles, al tiempo que se mecían sus hojas llenas de pavor. Alguien dijo desde una ventana: “¡Son nubes comedoras de estrellas y le han debido dar una dentellada al sol!” La aflicción se hizo más aguda todavía y se oyeron el chirriar de muchos cerrojos enmudeciendo el murmullo. Al cabo, una voz anciana gritó no exenta de cierta afonía: “¡El sol es muy indigesto y pronto lo vomitará!” Se oyeron algunos suspiros de alivio. Y efectivamente, a eso de media mañana —aun noche cerrada—, se escucharon bostezos siderales y se fueron desplazando las nubes de forma progresiva hasta que quedó alumbrado un tardío amanecer.

17 enero 2012

COMENTARIOS-5

La vida es la suma de una cadena de milagros. ¡Disfrútala!


Al fin y al cabo sólo somos eso, memoria. El presente es vertiginoso y ni siquiera admite ensayos en los que perfeccionar; el futuro sólo será a condición de existir. Nos queda la memoria. Si ésta nos abandona sólo queda el vacío, el vértigo del fracaso.

La hostilidad del mundo sólo es posible combatirla desde el refugio de nuestro mundo interior.

La vida sólo es una y eterna; la muerte es el entreacto que lleva a la infinitud.

Sólo quienes sueñan son capaces de sobrevolar la vulgaridad cotidiana y poner una pica en la cima.

Sólo quien se conoce a sí mismo es capaz de amarase; sólo quien se ama a sí mismo es capaz de amar al otro. 

El contacto con la naturaleza, volver a nuestros orígenes, poner atención a las cosas simples, sintetizarnos en la sencillez de la vida hasta vernos engranaje de ella, nos devuelve al camino del que nos habíamos alejado y nos invita a desprendernos de tanto superfluo.

La virtud del arte está en la inmortalidad del artista.

Sin esperanza ya estamos derrotados. Vale la pena tener fe.

El destino está en nuestras manos, todo depende de nosotros mismos. Antes no lo sabía, pero la vida es la universidad de los iletrados.

16 enero 2012

LA DAMA DE HIERRO

La Dama de Hierro,  dirigida por Phyllida Lloyd y protagonizada por Meryl Streep, cuenta la historia de Margaret Thatcher, una mujer a la que no le tembló el pulso como primer ministro de Gran Bretaña, y que rompió todas las barreras de género y clase para imponerse a un mundo dominado por los hombres. La historia trata, a modo de pinceladas, sobre los intríngulis del poder y el precio que se paga por el mismo aunque se controle. La película nos presenta un retrato a veces intimista de una mujer extraordinaria y una personalidad bien compleja.  A mi parecer, se trata de un retrato abocetado que no profundiza hasta el fondo en el global histórico del personaje.


Pero lo que tal vez le falte al guión en visión panorámica y global de la Sra. Thatcher, lo pone con creces Meryl Streep en un papel que borda hasta el punto de que cuesta creer que se trate de una interpretación y no de la propia antigua inquilina del número 10 de Downing Street. A ello contribuye el trabajo excepcional y sorprendente de maquillaje que, junto al milagro interpretativo, le hace a uno olvidarse del cine para creerse ante la televisión de 20 años atrás. Salvo el maquillaje y la genial interpretación, no hay a mi gusto mucho más destacable en la película, pero estamos ante 105 minutos que no nos debemos perder.