Madrid, mil novecientos sesenta y ocho;
un joven inexperto y timorato
que aún no había sido soldado,
que solo estaba licenciado en voluntad.
Tiempos modestos, donde en Europa
se hablaba de un movimiento estudiantil
del que se contagiaron nuestros estudiantes
y pusieron en solfa la moral tradicional,
la educación autoritaria y la política represiva,
hasta donde pudieron y fueron reprimidos.
Todo era alucinante, todo estaba distante
con las medidas y los calibres del pueblo.
El Prado, los cines, y en especial los teatros,
una amalgama cercana y divertida;
la clac un acceso a bajo costo allá por las alturas.
Una maremágnum de gente
venida de cualquier punto, todos los acentos;
una habitación sin derecho a cocina,
todo un mundo por descubrir
y del que contagiarse y asimilar.
Una fecha muy de ustedes, mis respetos, un abrazo Francisco!
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