Ese mar enfurecido,
violento hasta la temeridad,
ese mar que ayer mecía sus aguas
al posible embeleso de una nana,
hoy lleva en su lomo furia encrestada
y ha desatado su enfado
sin que mediara una discusión o desaire.
De la placidez al arrebato,
un berrinche irracional e incomprensible
y tan indigesto que provoca el vómito;
ha cambiado el color ilusionante,
la placidez festiva y remecida
por estruendos de amenazas.
Del gozo al pánico, de lo lúdico al terror,
la estrecha franja de un desequilibrio,
la desmesura
que se descuelga por el precipicio
del poder insólito del viento.
Cuando la Naturaleza muestra su enojo, un abrazo Francisco!
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