Agua quisiera ser, para
lavar tu piel,
para derramarme en el suelo
a tu paso
y doblegarme manso ante tu
beldad,
y humillar mi ego
soterrándose al tuyo
e hilvanar nuestro amor en
la envoltura.
Aire quisiera ser, y atusar
tus cabellos
como peina de plata subrayando
tus bucles,
y modelar tu figura con mi
tacto prudente
y envolver mi deseo enroscándose
a tu talle
de junco flexible, y verde,
y dúctil, y elástico.
Fuego quisiera ser, para cobijar
tu frío
en mis brazos y atemperar el
estremecimiento
del que te has desabrochado
inoportunamente;
fuego tibio para tu
destemplanza aguda
y fuego llameante con el que
mimarte sin riesgo.
Tierra quisiera ser, para
laborear tu vida
enraizada a mí en plenitud
de reciprocidad,
y ser fermento, y ser
hospedaje del uno en el otro;
tierra donde penetres las
raigambres de tu ser
en pro de una cosecha pródiga
de fruto otoñal.






