Tú que eres el candor
y la belleza plena,
la inocencia en grado superlativo.
Tú que bebes como quién juega
y juegas con el jugo de los besos maternos.
Tú que sigues el curso
de las cucamonas sin malicia
y te reflejas a plenitud
en una mirada limpia.
Tú que eres la perfección
en tamaño reducido
y no conoces la perfidia.
Tú que todavía, un copo de nieve
ardiente e inmaculado,
eres la esencia que ya conjugas
presente y futuro.
Tú que eres la esperanza
de la generación futura,
aprende de mis errores
y mantente por siempre potable
en el cauce del arroyo que vives,
sin pensar a qué mares irán tus aguas.





